Opinión

¡No se diga más! El Poder Constituyente debe ser parte de las universidades

Fuente: google Web cuatro f
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Escrito por piag1211

El eje del proceso constituyente es la paz. Los nueve puntos propuestos por el presidente Nicolás Maduro giran en torno a ella. Uno de los más complejos es el de la juventud y sobre todo su relación con la universidad. La nueva Asamblea Nacional Constituyente debe trabajar a fondo sobre los siguientes aspectos  y combatir los mitos que se han cernido sobre ellos: (1) Gratuidad, (2) Currículo, (3) Saber y Trabajo y (4) Autonomía Universitaria.

1) Gratuidad: En el artículo 103 de nuestra Carta Magna se habla de la gratuidad de los estudios “hasta el pregrado universitario”. Tal beneficio debe extenderse hasta los estudios de postgrado porque estos se han convertido en un negocio en una oportunidad para el adoctrinamiento alienante que lleva a la superespecialización tecnocrática. Así la educación superior se convierte en un valor de cambio: “es una verdadera viruela natural” y sus estudiantes “mueren o quedan estropeados mentalmente”, acota Simón Rodríguez.

2) Currículo: Los diseños curriculares en todos los programas de formación de grado (o carreras, como competitivamente suelen llamarse) están plagados de un universo epistémicamente eurocéntrico. Conocimientos emanados exclusivamente de países de la Organización de Terroristas del Atlántico Norte (OTAN): Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia, llenan las cabezas de los estudiantes, como decía Daniel de León, de “novecientos noventa y nueve baúles de basura insufrible” que alejan a los alumnos de su identidad nacional convirtiéndose en personas que difícilmente puedan “recobrar la dignidad de la especie homo sapiens, para volver a ser hombres y no pervertidos mentales”. Hay que reparar esta injusticia epistémica e incorporar a los pensadores de las naciones del Sur del mundo. Entre estos pensadores hay que reivindicar a Simón Rodríguez, cuyos libros deben ser consultados permanentemente en Latinoamérica y el Caribe. Nos dice que los profesores universitarios y los estudiantes, así como “los presidentes, sus ministros y sus consejeros, deben tener sus libros, las Sociedades Americanas y la Defensa de Bolívar, sobre sus bufetes, y en sus dormitorios. Olviden que son obras de un americano, o bórrenles el nombre y pónganles John Krautcher, Denis Dubois o Pietro Pinini, miembros de todas las Academias”.

3) Saber y trabajo: Las universidades están llamadas a ser centros de producción de saberes, centros socioproductivos: talleres, fábricas, laboratorios, conucos, haciendas comunales, etc. Dice Simón Bolívar en el discurso de Angostura (1819) que “las dos más grandes palancas de la industria son el trabajo y el saber” porque “Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres, hacerlos honrados y felices”. Del mismo modo para Rodríguez “los varones debían aprender los tres oficios principales, albañilería, carpintería y herrería porque con tierras, maderas y metales se hacen las cosas más necesarias, y porque las operaciones de las artes mecánicas secundarias dependen del conocimiento de las primeras”. Muchas estudiantes, dada la lógica del capital, entran en el circuito de la mercantilización de su cuerpo. Sobre este controversial tema prevé Robinson: a las mujeres debían dársele “instrucción y oficio para que no se prostituyesen por necesidad, ni hiciesen del matrimonio una especulación para asegurar su subsistencia”.

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Alí Ramón Rojas Olaya / Patricia Abreu Guillén (Redacción web)