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Armando Hart: ha triunfado la justicia, ¡adelante el arte!

Alí Ramón Rojas Olaya

Primer ministro de Cultura
La tarde del 30 de noviembre de 1976 durante la sesión de clausura de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba, se anunció la creación del Ministerio de Cultura. La noticia fue doblemente emocionante cuando se informó que el ministro sería Armando Hart Dávalos quien había sido el primer ministro de educación de la Revolución Cubana entre 1959 y 1965 desde donde realizó la campaña de alfabetización, la reforma universitaria, creó el sistema nacional de becas, las facultades obrero campesinas y promovió la enseñanza de la historia, porque para él es imprescindible el estudio de la historia en la formación de la conciencia nacional. Sobre esta nueva designación cuenta Ambrosio Fornet: “Creo que Hart ni siquiera esperó a tomar posesión del cargo para empezar a reunirse con la gente. Viejos y jóvenes. Militantes y no militantes. No preguntó si a uno le gustaban los Matamoros o los Beatles, si apreciaba más la pintura realista que la abstracta, si prefería la fresa al chocolate; solo preguntó si uno estaba dispuesto a trabajar”.

Zorros y camaleones
“La cultura popular tiene amigos a montones, pero en ella se colean los zorros y camaleones”. Esta impudicia de una famosa guaraña que interpreta Un solo pueblo, se presentó en Cuba en 1976 con la creación del Ministerio de Cultura. Allí quiso entrar todo bicho de uña. Muchos advenedizos y anodinos mostraron sus hojas de vida, regodeándose en heridas de combate, para lucrarse de ellas. Estas actitudes antiéticas significaban un hundimiento moral, un vacío en la cultura cubana. Miguel Barnet, al respecto cuenta: “no me pregunten cómo ni con qué argamasa pudo rellenar ese bache. Su inteligencia, su optimismo, sus ideas; esas que hoy han fructificado en la cultura cubana fueron sus instrumentos de rescate de lo que se iba a perder en lo oscuro”. Hart Dávalos “fue situado donde hacía falta, ahí donde había que desbrozar las malas yerbas, donde había que erradicar el arribismo y la mediocridad. Y lo hizo con elegancia, con cautela, sin cercenar cabezas, más bien sacando del hueco aquellas que iban a rodar y poniendo a un lado rencores y revanchas”.

Primer ministro de educación
Cuando Hart asumió el Ministerio de Educación tenía 28 años. Al respecto dice: “Todos éramos muy jóvenes, pero teníamos que asumir la dimensión de un hecho que, como dijo Fidel, era más grande que nosotros mismos. Hubiera sido irresponsable ponerme a inventar desde aquel cargo, de modo que lo primero que hice fue contar con la gente con experiencia. Si algo sabía era la gran tradición pedagógica cubana y allí estaban, convocados por la revolución, personalidades como Dulce María Escalona, Herminio Almendros, Abel Prieto (padre), Aguilera Maceiras, León Bicet, Consuelo Porto, Max Figueroa, Tina Esteva, Raúl Ferrer… Ellos y muchos más son los protagonistas del impulso inicial de la magna obra educacional de la Revolución”.

El Ministerio de Educación en Cuba, hasta 1958, era la cartera donde sus ministros malversaban, saqueaban, robaban el desayuno de los alumnos y los materiales educativos. Por ello, explica Eloísa Carreras, “que para mediados del mes de marzo Armando pudo afirmar, con gran alegría, que con las economías que el Ministerio de Educación había realizado hasta ese momento, se construirían muchas escuelas. Llamó a una verdadera transformación del Ministerio de Educación, cuando denunció que hasta 1958 había sido un organismo de empleo, en el cual el 94% del presupuesto se gastaba en el pago del personal administrativo y docente, y solo el 6% en material escolar, construcciones y reparaciones de centros escolares”.

Ética, cultura y política

La producción intelectual de Armando Hart brota de su praxis revolucionaria, su lectura de Martí, la tropicalización de Marx, la solidaridad internacional y su fidelidad y cercanía a Fidel. Entre sus libros destacan: Del trabajo cultural (1970), Cambiar las reglas del juego (1983), Cultura en Revolución (1990), Cubanía, cultura y política (1993), Perfiles (1995), Una pelea cubana contra viejos y nuevos demonios (1995), Hacia una dimensión cultural del desarrollo (1996), Aldabonazo (1997), Cultura para el desarrollo, el desafío del siglo XXI (2001), Ética, cultura y política (2001) y La Condición Humana (2005). En Ética, cultura y política explica ontológicamente la relación entre cultura y justicia: “En la historia de las civilizaciones, el robo y la tergiversación de las formas culturales” por parte de los explotadores de todos los tiempos han hollado la cultura para que ésta se divorcie sistemáticamente de sus esencias para favorecer la imposición de lo que han llamado cultura de la explotación.

Sobre esta relación cultura-justicia Hart se remonta a Europa para explicarnos que: “Desde las etapas tempranas de las sociedades de clases, cuando empezó a manifestarse con fuerza cierto desarrollo cultural elemental, y en primer lugar, en las sociedades esclavistas que alcanzaron mayor nivel artístico e intelectual, en la idea de la cultura, estaban incluidas todas las ramas del saber y dentro de ellas, el arte. Este concepto es un aspecto sustantivo de lo que más tarde pasó a llamarse cultura humanista, incluso, en el renacimiento europeo de los siglos XV y XVI, con el resurgir de la cultura clásica, las diferentes ramas culturales se concebían interrelacionadas. Así, las más grandes figuras del Renacimiento, a la vez que artistas, disponían de una autonomía técnica y práctica en otros aspectos de la cultura, e incluso a veces, como en el caso de Miguel Ángel y Leonardo, poseían los conocimientos científicos más avanzados de su época histórica”.

Este vital libro culmina con un párrafo que no tiene desperdicio: “En el sistema nervioso central de toda civilización está la moral. Ella puede ser limitada o distorsionada, pero no hay régimen alguno que haya pervivido violentando sistemáticamente, como lo hace hoy el capitalismo, los propios valores en que dice inspirarse. La humanidad ha sido colocada en una encrucijada ante la que debe optar o bien por el caos postmoderno presente en la dramática realidad de hoy que amenaza con destruir la civilización que llamaron occidental e incluso a toda la humanidad o por coronar la edad de la razón con principios éticos e iniciar la verdadera historia del hombre. Todo lo anteriormente creado quedará como prehistoria. Es la única forma racional de actuar, y tan altos propósitos solo se alcanzan con la justicia, el equilibrio, fundamentada en las categorías principales de lo que hemos llamado eje del bien: cultura, ética, derecho y política solidaria”.

Cultura, sensibilidad, Martí

Para este habanero nacido el 13 de junio de 1930: “no puede haber cultura si antes no hay sensibilidad, no puede haberla si antes no existe capacidad para la comprensión de nuestros problemas sociales”. Sobre su nombramiento en 1976 dijo: “Sinceramente, lo primero que me pregunté fue qué era un Ministerio de Cultura. Porque cualquiera sabe para qué sirve un Ministerio de las Fuerzas Armadas o del Interior o de Salud Pública o de Transporte. La experiencia en el campo socialista no era muy edificante que digamos, con sus intentos normativos y el rechazo a las vanguardias artísticas. Había, por demás, heridas recientes en nuestro tejido cultural. Me acordé de mi paso por Educación; había que contar con los intelectuales, de manera que entre todos se definieran las políticas y las acciones. Un Ministerio de Cultura no podía ser un ente administrativo, aunque tuviera que administrar recursos. Era, por sobre todas las cosas, un centro promotor de la cultura. Siempre defendí la idea de que la cultura se promueve y que las jerarquías y funciones se definen en la práctica social, bien lejos de los dictados burocráticos. Si lo hice bien o mal, es cosa que juzgarán mis contemporáneos y los que vendrán”.

Su gran referente y ejemplo es José Martí: “Los cubanos tenemos el deber de mostrar, con mayor precisión y actualizando sus ideas, quién fue ese genio de la política, de la literatura y del pensamiento universal y al que Gabriela Mistral caracterizó como el hombre más puro de la raza”.

La América de Bolívar

En la Reunión de Ministros de Cultura de América Latina y el Caribe, celebrada en Brasilia el 11 de agosto de 1989, Armando Hart dio un discurso dirigido a la necesidad de refundar la Patria Grande de Bolívar: “La América Latina y el Caribe tienen un deber sagrado que cumplir en esta hora singular y sOlo podrán hacerlo con decisión, can valor y con sabiduría; sólo podrán hacerlo con cultura”. Para tal tarea nos habla de “La gran utopía de Bolívar (sueño de hoy, ley de mañana), la unidad de América”. Explica que cuando el Libertador se queja de haber arado en el mar, esa metáfora debemos leerla así “Bolívar aró en la historia y aquí debemos estar sus continuadores para abrir un camino nuevo de raíz genuinamente americana a la libertad y a la independencia de nuestros pueblos”.

“Busquemos en la historia milenaria. Busquemos en la historia milenaria de América y en especial en la que comenzó a forjarse con Tiradentes y Simón Bolívar y que recorrió estos dos siglos de lucha contra la intromisión extranjera, nuestros caminos propios, los de nuestra democracia, los de nuestra libertad e independencia real. Exaltemos esa historia y sus valores humanos y culturales, contenidos en la tradición de luchas por la libertad de Tiradentes, de Bolívar, de Tupac Amaru, de Juárez, de Sucre, de San Martín, de Artigas, de O’Higgins, de Sandino y de Martí. Orientados por sus ideas y sus sentimientos, promovamos todas las manifestaciones de nuestro arte, ya sea en la literatura, en las artes plásticas, en el cine, en el teatro, en la danza, en las concepciones culturales, en las mejores costumbres, en la ética, en la moral, en las tradiciones de lucha por la dignidad humana, por la dignidad personal de cada latinoamericano y caribeño, y hagamos con esto un fuerte haz para iluminar la solución de los más diversos problemas de nuestra vida. No hay más alternativa que la unidad o la muerte. No hay más solución que la de la vida, y la vida solo podrá ser válida con la unidad de nuestra América”. Armando Hart falleció en La Habana el 26 de noviembre de 2017.

Armando Hart