Opinión Papel y Tinta

“Mi amigo Hugo” de Oliver Stone

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Oliver Stone es un combativo cineasta estadounidense. Sus filmes van a contracorriente de la cinematografía made in Hollywood. Cuestiona el establishment norteamericano, el analfabetismo político del ciudadano común y las miserias de una sociedad decadente que ha perdido su capacidad para la compasión. Muestra las prácticas racistas, xenofóbicas, maniqueas y guerreristas de los gobernantes gringos.

Son muchas las películas dirigidas por Oliver Stone, muchos también los premios recibidos, grande su fama. Todo esto, en vez de encumbrarlo hacia el Olimpo de los divos, lo ha aproximado más a la vida real, a la gente que sufre y lucha. El cine no es para él simple divertimento, pasarela para actrices consagradas, ni espacio de exhibición de efectos especiales. Es compromiso y provocación. Entre sus obras más galardonadas están “Platoo”, “Nacido el cuatro de julio” “Wall Street” y “JFK”.

Mas no solo hace cine, también produce series para televisión como “La historia no contada de los Estados Unidos”, donde desmonta los mitos y falacias que la industria cultural difunde acerca de esta potencia. Allí muestra el injerencismo de EEUU en Latinoamérica y el Caribe: su apoyo a los golpes de Estado de Guatemala (1954), Brasil (1964), República Dominicana (1965-1966), Chile (1973), Argentina (1976) ; su implicación en la guerra civil de El Salvador (1980-1992), su oposición a los sandinistas y su apoyo a las “contras” en Nicaragua, la organización de Invasiones (Granada en 1983 y Panamá en 1989), de magnicidios (Omar Torrijos), de redes de espionaje, su impulso de la guerra económica y de los planes de desestabilización contra los gobiernos de corte popular, etc.

Uno de sus documentales más contestatario es “Al sur de la frontera” (2009), donde visibiliza a los líderes latinoamericanos que luchan por la redención social, quienes han sido sometidos a una sistemática demonización por las transnacionales de la comunicación estadounidenses. Aparecen allí Evo Morales de Bolivia, Cristina y Néstor Kirchner de Argentina, Rafael Correa de Ecuador, Raúl Castro de Cuba, Fernando Lugo de Paraguay, Lula da Silva de Brasil, y por supuesto nuestro Chávez. En este documental se muestra también a los gobernantes pro yanquis que, como ratones embelesados por la engañosa melodía neoliberal que salía de la flauta del Tío Sam, condujeron a sus pueblos a una trampa mortal. ”Películas como ésta – dijo Chávez – ojalá contribuyan a levantar la conciencia de que otro mundo es necesario, y que aquí en América Latina estamos dándole vida a una nueva era”.

Oliver Stone le dedica una película al Comandante: “Mi amigo Hugo”. Fue estrenada en el 2014, en homenaje al líder de la Revolución Bolivariana al cumplirse un año de su muerte física. El film comienza con una confesión que Chávez le hace al cineasta frente al Cuartel de la Montaña, rememorando el fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992.”Yo he podido morir ahí, le dijo. Allí murieron soldados míos. Esos muertos yo los cargo aquí, en el corazón, y es parte de mi compromiso”.

Y así fue, Chávez vivió una vida de película: frente a las cámaras se dio a conocer con su emblemático “por ahora”; luego su “aquí huele a azufre” recorrió las pantallas del mundo y cambió drásticamente la manera latinoamericana de tratar con los voceros del imperio; finalmente su despedida en diciembre del 2012, donde recordó que “pase lo que pase tenemos Patria”, fue difundida en videos en todo el planeta.

Sí, Chávez estremeció al mundo. Era un hombre “desbordante de amor y de patriótica locura; en su corazón nunca hubo espacio para la mezquindad y los odios de campanario”. Todo lo hizo “a golpe de palabra y a fuego de idea”. Su poder “estuvo en el verbo, en la palabra”, enfatiza José Vicente Rangel. Por eso, hoy no es posible ver la película “Mi amigo Hugo” sin que se nos conmueva el alma, sin que desde lo más profundo de nuestro ser brote la convicción de que no podemos perder lo que a Chávez, al frente de nuestro pueblo, tanto le costó construir.

En esta difícil coyuntura donde la desmemoria, el oportunismo y la desilusión pretenden ocupar el puesto que el Comandante tiene en nuestro corazón, se hace necesario ver de nuevo y discutir colectivamente esta luminosa película de Oliver Stone, que en clave de cine nos recuerda que Hugo Chávez estará con nosotros de aquí a la eternidad.

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