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Allende, juventud y revolución

ALLENDE-Portada
Cuatro F
Escrito por Cuatro F

Por Lorena Almarza

Llegó septiembre, y con septiembre la memoria de Allende y su compromiso en hacer posible un proyecto político de carácter socialista que permitiera alcanzar la soberanía e independencia política, económica y cultural de Chile. Tal y como afirmó el querido poeta Neruda, a través de la vía chilena hacia el socialismo, todas las fuerzas sociales fueron convocadas con el fin de “crear una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile”. Su armas, según refirió, “la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza”.

Aunque Allende no llegó joven a la presidencia de Chile, llevó consigo una larga trayectoria de militancia que inició en su juventud. Ya a los catorce años, el muchacho andaba de cabeza caliente aprendiendo a jugar ajedrez, conversando y leyendo los libros que le prestaba un anarquista llamado Juan Demarchi, quien había participado activamente en el movimiento político liderado por Errico Malatesta. Cada tarde de encuentro fue un espacio para el debate permanente sobre política, filosofía y ética, que se le quedó bordada en el alma.

En la Escuela de Medicina se incorporó al grupo político Avance, donde coincidían tendencias a favor de los soviets de obreros y campesinos en Chile. Fue presidente del Centro de Alumnos, entre muchas actividades organizó grupos de lectura y discusión sobre marxismo, así como jornadas de protestas contra la dictadura de Carlos Ibañez, por las cuales, estuvo en prisión durante año y medio. Fue fundador del Partido Socialista y su Secretario General una larga temporada. Años más tarde, como Diputado y luego Senador, se dedicó a la defensa de la clase trabajadora, y a la creación de políticas de asistencia pública, entre las que destacaron el derecho a la salud y la educación para todos y todas.

Un tema vital para Allende fue promover “la pasión patriótica” en niños, niñas y jóvenes, pues en su opinión, el triunfo de la revolución dependía de la “formación de ciudadanos y ciudadanas con una nueva mentalidad, un nuevo espíritu y por sobre todo una nueva conciencia social”. De igual modo, consideró que “la juventud era la vida de la patria”, y por tal razón, los llamó a formarse para comprender el país y su realidad, y realizar aportes vinculados a los procesos del desarrollo nacional. A un lado debe quedar, insistía el líder, la visión de obtener un título profesional para ganarse la vida o adquirir un rango social, pues la juventud, divino tesoro, debe poner su “energía creadora”, en el proceso de transformación económica y social del país.

Recordemos que “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, decía Allende. Convoquemos pues a nuestra juventud, quienes hoy día conforman más del 32% de nuestra población, a caminar de la mano con el pueblo.