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Nuestra Historia Futura: Instituyendo el Estado Comunal

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Autor: Centro para la Investigación Social (CEIS)
“El Chavismo es un proyecto político en tanto que es un proyecto histórico, y en su modelo del socialismo del siglo XXI se plantea una nueva forma de Estado. Para comprender mejor esto, se debe tener en cuenta que en las ciencias sociales se suele hablar de ficciones , que son 1 estas grandes entidades discursivas que instituyen, organizan y dan consistencia al “pacto o lazo social” (Lewkowicz. 2004) que se representa en el Estado. El discurso instituye a la vez el conjunto y sus elementos -el conjunto es el lazo social, los elementos son los individuos pero no tal como son en general, sino como son instituidos por ese lazo y para ese lazo siendo estos los soportes subjetivos del mismo, que a la vez se representan en el Estado.”

En el antiguo régimen (modo estatal previo a la revolución francesa), los individuos estaban relacionados entre sí por la mediación del rey; el soberano -monarca- era el lazo, y el pueblo estaba definido como conjunto de súbditos de ese monarca.

La revolución francesa interrumpe esta forma de Estado, e instaura un postulado filosófico distinto según el cual la soberanía emana del pueblo. Surgen por tanto las interrogantes: qué es lo que hace que un pueblo sea un pueblo (un pueblo francés, uno inglés, etc.), qué es lo que hace que distintos elementos constituyan una nación.

Lo que desde las prácticas de los Estados nacionales se instituye como soporte del lazo social que habría de dar fundamento a esos Estados, lo que hace que un pueblo sea un pueblo nación constituido, es su historia. De allí deriva la hegemonía de la historia como aparato ideológico del Estado. La historia se constituye entonces en el discurso hegemónico de los Estados nacionales, porque origina el ser nacional.

El soporte subjetivo de este tipo de la lazo es el ciudadano, el cual define Lewkowicz como “sujeto de la conciencia política, de la conciencia moral y en definitiva de la conciencia nacional”(2004:30). El ciudadano es el sujeto instituido por las prácticas propias de los Estados nacionales, desde estas prácticas se constituye el elemento que construye el lazo, por tanto el Estado se apoya sobre la nación que a su vez se apoya sobre los ciudadanos. 1 Pensar sin Estado: la subjetividad en la era de la fluidez. Ignacio Lewkowicz. 2004.

Se trata entonces de una operación ideológica que instituye ficciones verdaderas hasta que se agotan.

En la revolución bolivariana se han constituido los consejos comunales y comunas como una nueva forma de participación y de organización social, que ha permitido pensarnos y construir en colectivo nuestra historia futura, por este motivo nos encontramos frente a una transformación del estatuto práctico del lazo social. Ponemos por caso los 22.208 consejos comunales que interactúan a través del Sistema de Integración Comunal (SINCO), como muestra de la nueva geometría del poder y del nuevo modelo político, económico y social que cimienta las bases del Estado Comunal.

En consecuencia, debemos ocasionar un ajuste discursivo a nuestra constitución en el que se incluyan las figuras de los consejos comunales -soporte subjetivo de la ficción del Estado comunal- como esencia dogmática de carácter constitucional, puesto que estos son resultado del salto que impulsó la revolución en la organización política del pueblo; tal como lo propuso el presidente Nicolás Maduro el pasado 20 de octubre, en la Plenaria Nacional del Congreso de Comunas, “Comuna Corazón de la Patria”, en donde solicitó darle “rango constitucional a todas las leyes del poder popular” que fueron creadas por el comandante Chávez.

Nos encontramos entonces ante una situación histórica, estructurada por una serie de supuestos que transforman en natural a una institución o a una ficción. En esta línea de los supuestos del Estado, la Asamblea Nacional Constituyente solo puede ser el acontecimiento fundamental de constitución y coronación de un pueblo en un Estado que lo represente, así pues, deberá ser el episodio más glorioso o más sombrío (pero nunca el más intrascendente), el momento absoluto de consumación de la realidad histórica de un pueblo, que pasa de su ser en potencia a su ser en acto.

Desde este espacio apostamos a la viabilidad de instituir el Estado- Comunal que sustituya la ficción del Estado-Nación, construyendo nuestra propia historia, nuestra propia filosofía política.