Entrevistas Papel y Tinta

Los recuerdos del joven Chávez

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Geraldina Colotti/ Revisión Gabriela Pereira

Para el pueblo venezolano Chávez no está muerto, se ha multiplicado, porque ha dejado su huella en la historia que lo ha “absorbido” hasta el último momento de la vida: “la historia me absorberá”, dijo, con su gusto típico por la broma, en el libro-entrevista Chávez, mi primera vida, de Ignacio Ramonet parafraseando a Fidel Castro cuando dijo: “La historia me absolverá”.

Y así, de vez en cuando, alguien descubre un doble de su aspecto en algún rincón de Venezuela, pero el que viene a encontrarnos a la plaza Bolívar, es un Chávez treinta años más joven, no es un efecto del sol o del cocuy, sino un muchacho que se parece mucho al Comandante eterno, porque es su sobrino. Se llama Hugo Rafael Chávez Terán, sociólogo, joven miembro del Partido Socialista Unido de Venezuela, elegido desde la base como delegado en el IV Congreso, y miembro por derecho de edad en el tercer congreso juvenil, JPSUV.

Hugo Rafael es el hijo de Narciso Antonio Chávez (llamado “Nacho”), tercer hijo de Doña Elena. Los encontramos junto al periodista Ezequiel Suárez, como parte de su proyecto audiovisual “Chávez de cerquita”, que contiene anécdotas y testimonios del “arañero di Sabaneta”.

¿Cuánto influyó la figura del Comandante en tu formación política?

Muchísimo. Crecí escuchando su voz. Mi madre me dice que, a la edad de cuatro años, después de escuchar su discurso en la radio, me subí a la mesa y llamé la atención de los familiares intentando imitar su tono y sus palabras: “Escúchame, escúchame. En ese avióncito que me vine …”. Comencé a hacer política para realizar su sueño, por el compromiso que todos tomamos para dar nuestras vidas por su sueño. Cuando iba a visitarnos, era como ver a la estrella más grande, abrazarlo, pedir una bendición, como es costumbre para nosotros, recibirla, recibir el beso y los consejos fueron momentos únicos. En la crisis de la adolescencia, siempre logró animarme, fue el combustible que llenó mi alma. Durante las vacaciones, siempre encontraba la manera de pasar un tiempo con su familia, y para los niños siempre había una sonrisa y un gesto cariñoso. Pero a menudo tenía que irse inmediatamente, recuerdo una vez que se fu después del brindis de la medianoche, estaba partiendo hacia Brasil. Su compromiso total me ha involucrado desde que era un niño. Me di cuenta de que la vida no nos pertenece, que debe ponerse al servicio de un ideal colectivo. Por eso hacemos las cosas con pasión, con humildad, es por eso que la fatiga no pesa, por eso es que las dificultades no nos doblegan. “Cuando ya no esté más aquí, nos dijo, búscame en los ojos de los niños más necesitados”. Por esta razón, ahora que ya no está físicamente con nosotros, vamos a las comunidades con entusiasmo, nos encanta resolver los problemas, enfrentarlos, porque en los ojos de la gente están los de Chávez.

¿Cuál es la tarea de los jóvenes en este momento tan difícil para el proceso bolivariano?

– Nuestra tarea es luchar por la revolución. Casa por casa, con la radio, en las calles, informando y organizando a la gente sobre las razones y responsabilidades de esta situación compleja, sobre la naturaleza de la guerra no convencional desatada contra el proceso bolivariano. Nuestro peor enemigo es la desinformación y la juventud está jugando un papel muy importante en la comunicación. Somos un pueblo de guerreros que no puede ser sometido. Somos los herederos de los lanceros de Páez, de los libertadores que sacaron al imperio español, con la conciencia de que la libertad es el único camino. Somos jóvenes, pero ya hemos experimentado los ataques contra nuestra patria. Chávez no aró en el mar. Dejó a un pueblo consciente y sabio y esta generación, a la que llamó la generación de oro porque sabía que defenderíamos la revolución, no lo traicionará.

¿Cómo evalúas las decisiones tomadas por el gobierno de Maduro con el plan de recuperación económica? ¿Crées que hay el riesgo de volver atrás?

– Como jóvenes, apoyamos plenamente las medidas lanzadas por el presidente Nicolás Maduro. En el III Congreso de la JPSUV, más de 400 delegados, jóvenes cuadros, han apoyado el Plan de Recuperación Crecimiento y Prosperidad, porque sabemos que busca estabilizar la economía, estimular la producción, otorgar más poder adquisitivo al pueblo después del duro ataque que ha sufrido a causa de la guerra económica. Sabemos que la burguesía, el imperialismo, no se quedarán tranquilos y no podemos dejar solo al presidente. Todos deben hacer su parte, comenzando con el partido, para controlar el territorio, para evitar que los comerciantes especulen sobre el precio, para acompañar al pueblo.

Durante las guarimbas, la derecha ha utilizado a los jóvenes y distorsionado sus símbolos de rebeldía para desorientar y confundir. ¿Cómo te opusiste a esa estrategia?

– En esos tiempos difíciles, pudimos ver hasta dónde podía llegar el flagelo imperialista. Nuestra batalla, entonces, fue ante todo resistir en nuestra trinchera concreta y simbólica. La orden era no caer en la provocación, porque se corría el riesgo de iniciar una guerra civil.

¿Los jóvenes que crecieron en la Revolución y que no conocen la represión de la Cuarta República estarían dispuestos a defender el proceso bolivariano de una agresión armada? ¿Existe esta conciencia?

– Entre los jóvenes revolucionarios, sí. Estamos plenamente conscientes de cómo está actuando el imperialismo estadounidense, nos estamos preparando, todos somos militantes dispuestos a dar la vida. Si el imperio comete el error de poner sus pies en nuestra tierra, será humillado y derrotado. Somos los descendientes de Zamora y de los Caribe, la tribu indígena más guerrera. El imperialismo se enfrentaría a un nuevo Vietnam. Otros jóvenes, por otro lado, no tienen conciencia de la situación. Pero la tarea de la juventud del partido es convencer, ir casa por casa para explicar lo que el imperialismo hace a los países que no se someten.

Durante la enfermedad de Chávez la derechas difundió especulaciones, afectando la sensibilidad de la familia y su pueblo. ¿Cómo viviste esos meses dramáticos?

– Nos enteramos que tenía un tumor como todos: escuchando su discurso poético de Cuba. Mi padre viene y dice: hay cadena nacional. Sabíamos que estaba enfermo, pero no que tenía cáncer. Recuerdo el rostro preocupado de mi padre. Y luego dos años de batalla y los momentos en que pensamos que había derrotado el cáncer. Mi tío mandó a buscar a mi padre para que fuera su asistente personal. Quería un hermano cercano como asistente personal. Viví en Caracas momentos extraordinarios con él, de tristeza pero también de alegría. Creemos que lo asesinaron, los mejores médicos no se explican cómo ese tipo de cáncer podría haber sido tan agresivo. En aquellos meses, la derecha manipuló la información, se burló de nosotros y de nuestro dolor, se burló del pueblo, pero todo esto nos unió más y nos fortaleció. Aprendimos a saber más sobre este pueblo que lo acompañó con una gigantesca manifestación cuando se fue. Estaba cerca del ataúd, vi a las mujeres llorando como si fuera su hijo, agradeciendo a mi abuela, Doña Elena. Chávez era de todos, todos los jóvenes como yo son sus sobrinos, son los nietos de doña Elena. Cuando supo que se acercaba el final, Chávez quiso volver para morir en su país. Siempre decía que lo que más lamentaba era no haber dejado nada escrito de su propia mano. Por esta razón, durante la vigilia, Maduro fue a traerle el Plan de la Patria diciendo: “Aquí está tu Plan de la Patria, Comandante, el que nos dejaste”. Y cuando salgamos victoriosos de esta crisis, el pueblo dirá: “Aquí estamos, Comandante, esto es para usted y gracias a usted. Misión cumplida”. Y nos abrazaremos.