notimovil Papel y Tinta

Aquiles al Panteón

Humor rodilla en tierra


Armando Carías

No estoy muy seguro de que a Aquiles Nazoa le hubiera hecho mucha gracia eso de proponerle se mudara del Cementerio General del Sur para el Panteón Nacional.

Creo sinceramente que El Ruiseñor de Catuche debe encontrarse mucho más cómodo entre los pata en el suelo a los que dedicó su poesía, que en el silencioso recinto en donde duermen su sueño eterno los héroes de la patria.

La idea, en todo caso, surgió en medio de una tertulia compartida con Roberto Malaver  y Luis Britto García, momentos después del conversatorio que sobre la vida y obra de nuestro sanjuanero bardo, sostuvimos en la redacción de Ciudad Caracas.

Uno de los argumentos a favor de la propuesta, radica en el hecho de que dos colegas de locura de Aquiles, Armando Reverón y César Rengifo, desde hace varios años llegaron, en hombros del pueblo, a ese sagrado lugar en donde el huésped de honor es nuestro Libertador.

Por otra parte, no es menos cierto que desde hace tiempo el autor de “Las cosas más sencillas” figura el en “El Panteón del Humorismo Venezolano”, lugar que comparte con  su hermano Aníbal, con Job Pim, Leoncio Martínez,  Rafael Guinand, y el recién llegado Pedro León Zapata.

Volviendo a la idea de la mudanza, lo cual equivaldría a un recorrido por la avenida principal de El Cementerio, agarrar la Baralt, pasar por Puente Llaguno y subir vía Cotiza hasta el Panteón; proponemos que la poética caravana sea encabezada por el caballo que era bien bonito, a cuyo paso cientos de muñecas de trapo, entre danzas y cantos, le irán lanzando flores.

Una vez en el mausoleo, el discurso de orden estaría a cargo de un cochino, que como todo el mundo sabe, era uno de sus animales más queridos. Allí, el marrano orador, disertaría sobre la defensa que Aquiles siempre hizo de los animales más débiles y humildes: su afecto por los perros callejeros, su ternura por las hormigas, su filantrópica vocación por proteger a las lagartijas y su inmenso amor por las tortuguitas de apariencia acatarrada.

De allí, con toda seguridad, tras ser depositados sus inmortales versos en el Panteón Nacional, saldría la concurrencia a zapatear el “Galerón con una negra”, ese que dice que “desde Guachara al Cajón, de Cazorla a Palo Santo, no hay negra que baile tanto como mi negra Asunción”.

Ya al caer la tarde, en cadena nacional de radio y televisión, la dulce voz de Lilia Vera nos arrullaría con su “Bolívar en un libro de lectura” y Marina Márquez haría lo propio con su dulce y amorosa interpretación de “Guillermina”, esa que fue a la cárcel a llevarle una canción a su marido.

Ahí queda la propuesta.

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