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De Calígula a Trump

Siniestros personajes ebrios de poder                

Eduardo Cornejo De Acosta

Las tropelías de Donald Trump son verdaderamente bofetadas al ordenamiento jurídico internacional, y una vergüenza para todo quien lo secunde.

Países que en su momento fueron potencias globales, líderes de la Europa “civilizadora”, quedaron retratados como republiquetas de segunda al servicio del lumpen político.

El malandraje en la política internacional, encabezado por el inquilino de la Casa Blanca,  se impone.  Ya no importan acuerdos ni tratados internacionales suscritos por países de todo el orbe.

Ya no importa respetar mínimamente el andamiaje jurídico que ellos mismos impusieron luego de la segunda guerra mundial. 

Parece que el  presidente norteamericano quisiera se clausuren las facultades de derecho en el mundo. 

¿Cómo explicarle a los estudiantes las flagrantes violaciones en el tema de Venezuela, tanto lo de la OEA, como lo que pretendió la administración Trump en la ONU, las aberrantes sanciones unilaterales, la invasión de su mar territorial?

¿Cómo entender que estos señores en la página Diplomatic Action, del U.S. Department of State, Bureau of Western Hemisphere Affair, Fact Sheet: U.S.A. Actions on Venezuela, digan que “el gobierno de Estados Unidos ha adoptado una serie de fuertes medidas políticas desde 2017, destinadas a ejercer presión contra el régimen de Maduro y favorecer a los actores democráticos”, sin el menor rubor?

Representantes de países serios, China y Rusia, por ejemplo, cuestionan las maneras como el gobierno norteamericano se conduce en el mundo, impone unilateralmente sanciones comerciales, políticas, financieras. Y no solo contra Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua o Turquía.

Países que se supone son aliados de Washington, Francia y Alemania, por ejemplo, han sido víctimas de la malcriadez de Trump y su camarilla.

Parece no importarles tener relaciones de respeto con la comunidad internacional. Son hampones que solo entienden el lenguaje de las amenazas y  la fuerza.

En ese punto, Trump se emparenta con otro nefasto personaje de la historia universal, el emperador romano Calígula. Ese siniestro personaje dejó, entre otras frases memorables, aquella de “que me odien, mientras me teman”.

Es definido por reputados historiadores como uno de los psicópatas más nefastos de la historia universal. Cronistas del imperio romano lo describen como carente de remordimiento, de empatía con propios y extraños, autoestima exacerbada, uso inacabable de mentiras, poco control de conducta y emociones. Se deleitaba castigando con torturas y ejecuciones a quienes eran sospechosos de conspirar en su contra. A eso le suman perversiones sexuales.

Entre las excentricidades más humillantes estuvo la de nombrar a su caballo, Incitatus, senador de Roma.

Los jefes militares, los pretorianos, lo odiaban. Fue uno de ellos quien le asestó la primera estocada, de más de 50, que le quitaron la vida. Lo de Calígula fue un preámbulo a la definitiva debacle del imperio romano. Él personificaba la decadencia del imperio. Con sus vicios, su egolatría, su irrespeto al derecho de los otros.

Dicen que los ciclos históricos suelen repetirse, con otros personajes y otras circunstancias, pero suelen repetirse.

Fijémonos, en tiempos de Calígula ya empezaban a incubarse factores que cambiaron la Roma de entonces. Entre ellos, la ruina moral, la económica. La presión de factores externos que crecía. El pueblo se empobrecía más y factores internos oprimidos pujaban por ser tomados en cuenta. Los esclavos se rebelaban y nuevas ideas, incluyendo el cristianismo, permeaban la cosmovisión.

Hoy, en el mandato de Trump, silenciadas por los grandes medios de comunicación y las manipuladas redes virtuales, o sociales como prefieran llamarse, las contradicciones internas en ese país, las desigualdades sociales, empiezan a estremecer la estructura del “imperio norteamericano”.

¿O ya se olvidaron las protestas, fuertemente reprimidas, en Wall Street el 2008, luego del colapso financiero donde quebraron los principales bancos y fueron salvados por el “camarada” George W Bush?

¿O nos hemos olvidado de los hechos de tensión racial, cuando policías asesinaron a hombres de piel oscura sin que mediara razón aparente?

¿Nos olvidamos que tras el crujir financiero del 2008 millones de  personas quedaron en las calles por no poder pagar sus hipotecas y hasta ahora no han podido recuperar sus casas? ¿Qué millones viven en las calles, bajo puentes?

¿Qué otros millones comen de la basura? ¿Qué la movilidad social, otrora orgullo norteamericano, quedó solo en un recuerdo?

¿Qué la violencia delictiva crece diariamente? ¿Qué es el país con mayor cantidad de adictos a las drogas ilegales? Adicción que promueven los poderes fácticos ya que incrementan su fortuna y les facilita el control social.

Instituciones que el “imperio norteamericano” instaló en el mundo luego de la segunda guerra mundial, la OTAN, ONU, el Fondo Monetario Internacional, cada vez son menos preponderantes.

De hecho, la OTAN ha sido pretexto para que Trump se permita irrespetar a sus “socios”. La Organización Mundial de Comercio (OMC), también creada post segunda guerra mundial, ha sido petardeada por Washington. Sanciones unilaterales a Rusia, China, Turquía, sumado a las de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte, inclusive a los mismos europeos, completan el panorama.

Es tan majadero Trump que hasta la Unión Europea, un socio habitual con alguna tirantez reciente, le advirtió que si siguen acciones contra Cuba ellos protegerán a  las empresas europeas con intereses en La Habana. Los desvaríos de Trump y Calígula muestran la decadencia de sus sociedades en los respectivos contextos históricos. La historia enseña y los ciclos se repiten.

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