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El más joven de los presos del 4F

Por Verónica Díaz

En 1992 Hiram Parra tenía 18 años y estudiaba economía en la Universidad de Carabobo (UC). Su hermano Adrián,un año mayor, cursaba Ingeniería Civil. Eran miembros del Centro de Estudiantes de la UC, y habían fundado la Asociación de Estudiantes Yaracuyanos en Carabobo en sus luchas contra los mandatos del Fondo Monetario Internacional de privatizar la educación, la salud, las telecomunicaciones e incluso a PDVSA, receta que el entonces presidente Carlos Andrés Pérez pretendía aplicar con sumisa disciplina.

A los hermanos Parra les gustaba la canción de Mercedes Sosa “Vivan los estudiantes”, que era su consigna de lucha. Hacían acción social en aquellas comunidades sometidas a los sufrimientos

generados por las políticas de shock neoliberal del gobierno de CAP.

Poco se dice que el 4 febrero de 1992 fue una rebelión cívico militar y ante ese injusto olvido Hiram relata su historia que lo dejaría marcado de por vida, porque los hermanos Parra se sumaron a la rebelión convocada por el entonces teniente coronel Hugo Chávez, y junto a

, fueron encarcelados por alzarse contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

Se estima que unos 300 estudiantes participaron en la rebelión cívico-militar del 4F ante el estado de injusticia impuesto por el neoliberalismo, porque en aquel país el 80% de los venezolanos eran pobres en una sociedad donde eran cercenados los derechos a la educación, salud, vivienda, los campesinos eran desalojados, porque Hiram se alzó contra el analfabetismo, la desnutrición, la carencia de agua potable, la falta de cupos universitarios, se alzó contra de los antivalores que imperaban en aquella

sociedad previa a la Revolución Bolivariana.

Tras la derrota de la insurrección el joven estudiante cayó preso y fue torturado.También debió ver cómo asesinaron a algunos de sus compañeros.

En las adyacencias del módulo de la Policía de Carabobo del sector Canaima de Valencia, fueron ajusticiados por las autoridades de la época los estudiantes José Zerpa Miotta, de 21 años, estudiante del octavo semestre de Ingeniería Eléctrica; Columba Guadalupe Rivas, de 22 años, estudiante de segundo semestre de Ciencias de la Educación; Gilberto José Peña, de 18 años, alumno del tecnológico de Valencia y Ángel Alberto Ruiz, de 25 años, cursante del tercer semestre de Ciencias de la Educación de la UC. También fue acribillado el distinguido del Ejército José Depablos.

“Es una fecha inolvidable que se conserva en nuestras mentes, porque por querer a Venezuela recibimos torturas, juicio por rebelión militar, cárcel y nuestros estudios fueron interrumpidos”, rememora Hiram, quien no oculta el dolor que le genera el olvido ante aquel sacrificio que dejó heridas en su alma que quizá nunca sanarán.

Hiram no se arrepiente por haber sido otro soldado 4F, todo lo contrario se siente orgulloso, pero anhela que esta historia sea reconocida y narrada como ejemplo del heroísmo de los estudiantes venezolanos que se oponían a un modelo dispuesto a privatizar al país para entregarlo a los grandes capitales

transnacionales, algo parecido a lo que sucedería si el golpe de estado en marcha orquestado por el imperialismo lograra llevar al autonombrado Juan Guaidó a Miraflores.

“Ya desde los 16 años tenía en mí el gusanito de la Revolución; para esa época se sentía el descontento por las medidas económicas que implementó el gobierno de CAP”.

Hiram asistió a reuniones clandestinas con los militares que planificaban la insurrección contra Pérez y su paquete neoliberal y decidió unirse a la rebelión. Su misión era convencer a los estudiantes y a las comunidades para que apoyaran a los insurrectos.

Aquel 4 de febrero Hiram salió a arengar para que el pueblo defendieran la Revolución, viajaban en un autobús de la UC, pero fueron emboscados por funcionarios de la extinta Disip.

“A muchos de nuestros amigos les dieron tiros de gracia y los mataron frente a nosotros; luego nos obligaron a cargarlos. Nos golpearon con peinillas y con las culatas de los fusiles en las cabezas. Nos pusieron electricidad en los pies y el cuello”.

Aunque inicialmente protestaba un grupo numeroso, finalmente serían detenidos solo 21 estudiantes. Hiram, Adrián y otros de los sobrevivientes fueron llevados a la Comandancia General de la Policía de Carabobo.

“Fue allí donde más nos torturaron. Se ensañaron con nosotros. Mi hermano Adrián aún conserva heridas serias en la cabeza.

No nos prestaban atención médica, teníamos que lavar nuestras heridas con agua y jabón azul. Luego de 20 días de tortura, liberaron a 13 de los estudiantes, y quedaron 8 detenidos. A nosotros nos dejaron”.

Hiram estuvo en una celda cuyo piso estaba lleno de excrementos, repleto de ratas y tenían que dormir a pie uno junto a otro para poder descansar algo. Fue un tiempo horrible que todavía recuerda con dolor. Aparte de la tortura física, recibieron maltratos psicológicos.

“Nos decían que nos iban a matar, que nos trasladarían para el Retén de Catia”.

Cuando los montaron en una camioneta sin hacerningún comentario temió  que sería para ajusticiarlo, pero cuando llegó al Cuartel San Carlos finalmente se encontraron con los militares rebeldes, entre los que estaba el entonces teniente coronel Hugo Chávez.

“Fue cuando se nos tranquilizó la vida. Ellos nos ayudaron entregándonos artículos de limpieza, comida, libros. Nos dieron aliento…”

Aunque estaban separados del grupo de los militares, Hiram encontró el modo de acercarse a Chávez, el carismático líder de la insurrección del 4F, que hasta les compuso una canción. Hirám recuerda nítidamente el día cuando fueron liberados ya que los jueces militares no hallaron nada en su contra.

“Cuando salimos del Cuartel San Carlos, los militares, liderados por nuestro comandante Chávez nos cantaron una canción de despedida”.

Pero desde entonces la vida nunca volvió a ser la misma. “No pudimos continuar con nuestras vidas y estudios en Carabobo, porque fuimos acosados por la Dirección de Inteligencia Militar (DIM).

Fuimos muy perseguidos y tuvimos que ausentarnos de la actividad pública. Llegaban a nuestra casa, hacían preguntas, nos seguían, así que decidimos quedarnos encerrados en Yaracuy por mucho tiempo”.

Hoy Hiram es abogado sigue fiel a su lucha por construir la patria que Bolívar y Chávez soñaron y reitera frente a la grosera agresión imperial, el ¡4F Vive!…

“Esas son las luchas que se dan y me tocó a mi, vengo de una familia con mi padre que es historiador que nos enseñó el bolivarianismo, somos una familia formada con el pensamiento del libertador, me siento con el mismo derecho, el mismo valor y el mismo orgullo de querer ver una Venezuela bonita y soberana”.

“Los venezolanos no nos merecemos la grotesca agresión imperial que hoy amenaza con invadir a nuestra patria para robarnos el petróleo. En estos años de Revolución hemos crecido atendiendo al necesitado, abriendo universidades, escuelas, hospitales. Hemos sido generosos con los pueblos del mundo, siempre levantando la voz de la esperanza y la paz, y no tenemos porque temer al imperio decadente. Éramos unos adolescentes en aquel febrero de 1992 y no tuvimos miedo. Hoy tampoco vamos a dejar que nuestra patria sea fendida”, finalmente reflexiona Hiram.