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Velia Bosch, hecha de cuentos y poesía


Para Velia, todas y todos estamos hechos de los cuentos que nos contaron, las canciones con las que nos arrullaron así como de las adivinanzas, retahílas y juegos tradicionales que jugábamos en la escuela. Amó la literatura y consideró que era una herramienta poderosa para transformar y enriquecer el espíritu.

En su hacer, fundó la Cátedra de Literatura Infantil Latinoamericana y del Caribe José Martí y el proyecto de juegos literarios “Gran Circo de Papel”, con el fin de propiciar la comprensión lectora, la expresión oral y escrita, y la creación literaria. Fue también co-fundadora de la revista “La Ventana Mágica” y corresponsal de la Revista Literaria Alba de América. Además de escribir cuentos y poemas, se dedicó a la investigación desde el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), donde entre otras actividades, estudió en profundidad la obra de la escritora Teresa de la Parra. De su acción investigativa también surgió “Clásicos de la literatura infantil-juvenil de América Latina y el Caribe”, publicado por la Biblioteca Ayacucho, en la Colección Claves de América.

En una entrevista sobre su trabajo, refirió “(…) he podido paralelamente desarrollarme como intelectual, escritora e investigadora en torno a tres grandes pasiones: la literatura infantil, el es­tudio de Teresa de la Parra y la poesía”.

El Centro Internacional de Estudios de Literatura para Jóvenes (CIELJ) de Francia le otorgó el prestigioso Premio Octogonales, y a su vez recibió el Premio de Poesía Alarico Gómez. Por su obra, “Esta pobre lengua viva” obtuvo menciones honoríficas del Premio Municipal de Literatura de Caracas y en la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra de Valencia. Igualmente, su labor en poesía y narrativa, ha sido reconocida por el Banco del Libro.

Caraqueña muy guayanesa

Velia nació en la agitada Caracas del año 1936, el 23 de mayo, frente al Panteón Nacional, y con apenas quince meses de edad llegó a Ciudad Bolívar. Creció, admirando la naturaleza y por supuesto al padre río Orinoco. Recorrió, las mismas calles de Luz Machado y Guillermina Rodríguez,  y de aquellos días de ciudad vital y sus gentes señaló: “Para mí fue de una enseñanza valiosa los carnavales, el teatro popular de calle, los juegos tradicionales”. 

Regresó a Caracas de adolescente y para entonces ya había iniciado su interés por la escritura. Se sumó a la lucha clandestina con­tra el perezjimenismo y en 1950 asistió como delegada al primer congreso de Jóvenes por La Paz que se realizó en Montevideo. Cuentan que incluso fue detenida por la Se­guridad Nacional en diversas ocasiones.

En esos andares se enamoró de Gabriel Bracho, destacado muralista y militante del Partido Comunista con quien se casó, y en breve marcharon a México en condición de exilio hasta el fin de la dictadura. A la vuelta se reincorporó a la Escuela de Letras de donde egresó en 1959 y se dedicó por completo a la escritura y a la investigación. Así lo contó: “me gradué de licenciada en Letras, me dediqué a la docencia durante doce años y luego de lleno a la crítica (…) En 1959, la Casa de la Cultura del Ecuador publicó mi libro “Dame una rosa pura”.  Luego siguieron “Arrunango”, “Las Palabras y las sombras”, “A los cinco grados de latitud”, “Antología del Lago”, “Gente del Orinoco”. Realicé un trabajo para la Academia Nacional de la Historia sobre la Revista Bolívar, de la que se publicaron 14 números para Es­paña”.

Fue Velia  quien promovió el traslado de los restos de Teresa de la Parra al alta patrio, el cual se efectuó el 7 de noviembre de 1989.  Para entonces, solo Luisa Cáceres de Arismendi y Teresa Carreño estaban en el recinto patrio. 

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