Papel y Tinta tubazomovil

La guerra terrorista occidental contra Venezuela


Luis Delgado Arria

1. Más allá de los destrozos de infraestructuras estratégicas, las muertes, heridos y desolación que apareja toda guerra convencional de un país contra otro, la guerra colonialista de sexta generación librada por una coalisión de potencias occidentales, apandilladas contra un pequeño país como Venezuela, por definición es un delito de terrorismo.

2. Si esta guerra imperial colonialista además es librada de manera artera y cobarde, con base en la doctrina de la guerra sin fusiles que incluye la planificación, financiamiento, contratación, entrenamiento y comando de una coalisión de fuerzas mercenarias internacionales entrenadas para destrozar al país hasta la guerra civil, la secesión, el magnicidio y el genocidio político, no es exagerado decir que es una guerra doblemente cobarde y terrorista.

3. Pero si a esta guerra se le suma una política sistemática de aislamiento regional como la que ha ensañado el gobierno de Estados Unidos contra Venezuela al cooptar y mercenarizar al mismísimo Secretario General de la OEA, a Presidentes de la región y a otras importantes instituciones regionales como la CAN y Mercosur, entre otras, se debe decir que estamos en presencia de un caso de terrorismo de Estado e internacional contra un Estado nación democrático, deviniendo en un caso de terrorismo y crimen de agresión simultáneos, a la tercera potencia.

4. Pero si a todo lo antedicho sumamos un bloqueo programado de inversiones internacionales, del crédito y de la calificación del riesgo, un bloqueo comercial y político y diplomático, y un bloqueo industrial (incluyendo el cierre de plantas estratégicas para la salubridad colectiva como Clorox responsable de producir agentes para potabilizar el agua), un bloqueo de los repuestos para vehículos, trenes, industrias de todo tipo, líneas de aviación comerciales, y hasta vehículos para la seguridad y defensa; y hasta amenazas de bloqueo total naval, etc. no es exagerado decir que estamos ante un caso de terrorismo internacional a la cuarta potencia.

5. Pero en el caso de ensañamiento contra Venezuela hay todavía más. Occidente ha ordenado a una pandilla de títeres intestinos, amparados por el gran gánster atómico global, el pillaje descarado de todos los activos e inversiones internacionales del país, incluyendo títulos valores y reservas en oro ubicadas en territorio extranjero de Occidente. Tal paquete de medidas entra en contravención flagrante con todo el derecho internacional público en materia de comercio internacional y libre flujo de operaciones de comercio e  inversiones internacionales. Hecho muy grave pues anuncia una política de conculcación masiva y unilateral de activos, inversiones y reservas monetarias de todos los países o empresas del mundo que contraríen los designios de Occidente, inaugurando una situación de inseguridad jurídica e inestabilidad global en la materia. Tal subversión del orden económico global puede ser tipificado como terrorismo a la quinta potencia.

6. Pero el presidente Trump ha amenazado reiteradamente con seguir barajando todas las opciones de política contra el pueblo de Venezuela. Lo cual incluye, por supuesto, el bombardeo sistemático masivo… y la reducción a polvo cósmico de los venezolanos, mediante el uso de ojivas nucleares. Esto, no cabe duda, es terrorismo imperial en estado puro. Un terrorismo, digamos, elevado a la sexta potencia.

7. Ninguna potencia global que no sepa, de muy buena fuente, que está próxima la desaparición del petrodólar y por ende, la debacle económico/ financiera y energética definitiva enviste con todo lo antedicho. La tercera guerra mundial tiene hoy por centro de gravedad Venezuela, y por capital la ciudad de Caracas. Por eso la ola de atentados terroristas dirigida contra el conjunto de los poderes públicos (Ejecutivo, ANC, Poder Judicial, Poder Moral y Alto Mando Militar) y asimismo contra el poder popular. Es una guerra terrorista imperialista de espectro completo, cuyo principal objetivo es desmoralizarnos, desmovilizarnos, aterrorizarnos y paralizar nuestro desarrollo alternativo, para bloquear la resiliencia y el avance de un modelo hasta ahora resistente a todas las formas de guerra de punta de todos los regímenes colonialistas y capitalistas hasta la fecha. Todo aquel que sirva o incurra en colaboracionismo con el despliegue de esta guerra sin límites éticos ni morales contra la patria de Bolívar se constituye de hecho en un agente genocida y, por ende, terrorista, al servicio de potencias extranjeras. Los caballos de troya constituyen así el terrorismo a la séptima potencia. El terrorismo global es hoy la fase superior del imperialismo occidental.

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