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Una nueva campaña mediática contra Venezuela

Geraldina Colotti
Escrito por Geraldina Colotti

Con razón el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Diosdado Cabello, advirtió sobre la nueva campaña mediática desatada internacionalmente contra Venezuela.

El guión es siempre el mismo: repetir las tesis de Washington en todos los idiomas con el objetivo de demoler o distorsionar la realidad de los hechos, para inducir la idea de que hay un otro Estado dentro del Estado; y que las instituciones paralelas 2.0 operan más eficazmente que las verdaderas.

Una ficción que se justifica con otras ficciones, como ocurre en el mecanismo de las fake news: se difunden noticias falsas que se desmienten, incluso mediante sentencias judiciales. Pero da igual, luego alguien vuelve a retomarlas, en la web o en periódicos financiados por el imperialismo para tal fin, citando la fuente original como si fuera cierta; y la mentira comienza a circular de nuevo.

Con sus herramientas poderosas, concretas y simbólicas, el imperialismo derroca y utiliza las tácticas del adversario en su beneficio. En este caso, se busca revertir el desafío lanzado por el socialismo bolivariano, que apunta a vaciar el viejo Estado burgués desde adentro, construyendo una nueva arquitectura basada en el poder popular.

A través de sus corporaciones mediáticas el imperialismo busca configurar, incluso para América Latina, una especie de embudo, un callejón sin salida para la perspectiva revolucionaria, como sucedió en Italia, donde la izquierda no ha logrado llegar al poder, ni con la lucha armada ni por la vía parlamentaria.

El socialismo, repiten los aparatos ideológicos de control a nivel global, es ineficaz, autoritario y corrupto, y aun hay que barrerlo: como en Chile con el gobierno de Allende en 1973, o como se hizo en Bolivia el año pasado o se sigue haciendo en Honduras, invalidando cualquier triunfo electoral de los sectores populares.

En este sentido, el juego que está jugando la Venezuela bolivariana, que se juega alrededor y a través de la Venezuela bolivariana, tiene un alcance global. Tiene que ver con los mecanismos de imposición de un nuevo tipo de globalización, que acompaña a la llamada “nueva normalidad” en tiempos de pandemia.

Se comparan así dos perfiles de un mismo modelo: una «gobernanza» basada en la sumisión condescendiente de sectores populares, convencidos de lustrar sus cadenas ante la ausencia de una alternativa concreta al capitalismo; y una hegemonía basada en la antigua Doctrina Monroe para América Latina.

Ante la crisis sistémica del modelo capitalista, dramáticamente resaltada por la pandemia, ambas variantes necesitan redefinir su margen de maniobra y los términos para competir entre ellos. Necesitan redefinir y traspasar internacionalmente una nueva relación entre legalidad y legitimidad, entre el uso de la fuerza y la búsqueda de consensos que permitan a quienes guiaron el barco-mundo hacia el abismo volver a proponerse como los únicos que pueden navegar a salvo.

Para ello es fundamental crear nuevos fantasmas, nuevos peligros, nuevos enemigos, o exhumar los viejos, que siempre funcionan, como el miedo al comunismo. Es fundamental crear falsos mecanismos, instituciones artificiales que apoyen las violaciones de los derechos humanos contra quienes no se someten, reemplazando la posición de las víctimas por la de los verdugos.

¿Qué hay más odioso y «antidemocrático» que imponer medidas coercitivas y unilaterales a los pueblos de Cuba y Venezuela en plena pandemia? Y sin embargo, en cuanto se alzan algunas voces para denunciar esta práctica criminal, la contraofensiva mediática comienza a hacer pasar por víctimas a los golpistas y traidores y a demonizar «al dictador Maduro».

Citamos, al respecto, las declaraciones de la senadora italiana Laura Garavini, Vicepresidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores: “La evolución de la situación política en Venezuela – dice – es cada vez más preocupante. Especialmente en consideración al resurgimiento de persecuciones a opositores al régimen de Maduro y a parlamentarios de la Asamblea Nacional que encabeza Juan Guaidó. Quienes, según lo informado por Naciones Unidas, están sufriendo detenciones arbitrarias y violaciones domiciliarias, incluso contra sus familiares”. El gobierno italiano – continúa la senadora – “tiene que alinearse claramente con las fuerzas democráticas en el Parlamento venezolano. Proteger los derechos sociales, humanos y civiles del pueblo venezolano y de los más de 160.000 italianos que residen en el país”.

Como si esos italianos, muchos de los cuales rechazan las posiciones de los autoproclamados, estuvieran más protegidos en caso de una invasión armada; la cual piden los golpistas mimados en el lujo por Europa. Y, mientras tanto, el Parlamento italiano da más espacio a las mentiras de los golpistas escuchando a la ONG Human Rights Watch, uno de los patrocinadores del tema de los «derechos humanos».

El trabajo de desinformación, sin embargo, continúa al difundir una «noticia» según la cual el «parlamento» ha rechazado la ley contra el bloqueo aprobada por la ANC. El «parlamento» es un salón de condominio donde los títeres de Trump «legislan» y no el que, a pesar de ser de mayoría opositora, ha acorralado al sector golpista que lo tenía secuestrado y que definitivamente ha elegido rendirle cuentas sólo a su amo norteamericano, boicoteando las elecciones y las instituciones.

Incluso para la vieja Europa, la «verdadera democracia» es evidentemente la que vota por correo en Estados Unidos o que organiza el fraude donde el sistema electoral no está tan automatizado como el que existe en Venezuela. Y así, a pesar de que, mientras estamos escribiendo el CNE ya se encuentra en el quinto día de auditorías públicas e internacionales de todo el procedimiento electoral de cara al 6 de diciembre, y aunque se estén realizando consultas populares en el país sobre las propuestas que se presentarán al nuevo parlamento del 5 de enero de 2021, los medios prefieren dar espacio a una supuesta «consulta» paralela de Guaidó y sus compinches.

Otra farsa, como la organizada el 16 de julio de 2017 para oscurecer la participación masiva y legal en la aprobación de la ANC, la cual devolvió la paz al país después de meses de violencia organizada por los golpistas que les gusta Europa.

Entonces, la pregunta sigue siendo: ¿quién pagará esta nueva y deletérea farsa? Ciertamente el pueblo venezolano, que ha visto cómo le roban sus recursos en el exterior, precisamente los gobiernos que apoyan a los autoproclamados de Trump, pero también pagan los sectores populares de Europa que sufren los recortes del “gasto” público.