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Partidos y líderes sorprendidos fuera de base
Total desconcierto ante Trump
La oposición radical, así como una parte de la que se presenta como moderada (sin serlo), no sale de su desconcierto ante el nuevo gobierno de su otrora aliado Donald Trump. Ha transcurrido apenas poco más de un mes del nuevo período del magnate republicano y casi todas las acciones y decisiones han dejado fuera de base a estos sectores políticos.
La derecha extrema esperaba que con el retorno de Trump volvieran de inmediato los esfuerzos por arrancar del poder al presidente Nicolás Maduro, similares a los que caracterizaron a su primer mandato, entre 2017 y comienzos de 2021. Pero, al menos en estas primeras semanas, eso no ha ocurrido.
Además de haber encargado a un enviado especial, Richard Grenell, de entenderse con el gobierno venezolano, Trump se ha mostrado cauteloso en sus opiniones sobre el país y ha mantenido “con la cabuya corta” al muy antivenezolano secretario de Estado, Marco Rubio.
Grenell vino a Venezuela para iniciar diálogos con una Agenda Cero y, para colmo de perturbación, ha declarado que el nuevo presidente de EE.UU. ya no pretende derrocar a Maduro.
Muchos opositores de línea dura están llorando por los rincones y preguntándose si tal vez les habría convenido más que ganara Kamala Harris. ¡Cosas veredes!
El bumerán de la migración
El panorama complejo para el antichavismo se ha agudizado alrededor del tema de la migración. Este asunto fue utilizado por las oposiciones (casi todas, sin excepción) como arma contra el gobierno revolucionario, pero ahora se les está revirtiendo.
La industria de los presuntos refugiados fue muy productiva para ciertos líderes opositores (cabecillas, sería más apropiado llamarlos), pues les permitió obtener mucho dinero de ayudas internacionales, al tiempo que mantenían en vigor la narrativa de que Venezuela era un Estado fallido del que huían las masas desesperadas.
Con las primeras acciones de la Administración Trump para deportar a extranjeros indocumentados, ha quedado muy en evidencia la serie de falsedades que sustentaban a esa matriz de opinión. Por un lado, se está demostrando que la inmensa mayoría de los connacionales que se desplazaron hasta EEUU no eran verdaderos perseguidos políticos. Se usó esa categoría interesadamente, como parte de las maquinaciones contra el gobierno de Venezuela. Asimismo, ha quedado desmentido el cuento del Tren de Aragua. Está claro que fue una maniobra de campaña electoral para atemorizar a los votantes estadounidenses y ponerlos a pelear con fantasmas.
El retorno ordenado y respetuoso de centenares de venezolanos deportados por EE.UU., fruto evidente de negociaciones directas, ha sido otra derrota simbólica para los extremistas de derecha.
¿Se perderá el financiamiento?
Entre las graves e inesperadas dificultades que han experimentado los factores opositores en lo que va de 2025 destaca el cese del financiamiento estadounidense a partidos, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación, tras la intervención de la Oficina de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID).
La suspensión de los “aportes” de este organismo tiene particularmente desanimados a quienes venían recibiendo esos fondos, con el agravante de que no pueden reclamar abiertamente la decisión de Trump, para no correr el riesgo de que las cosas se pongan peor.
Han quedado demostradas las denuncias hechas, desde hace muchos años, por voceros gubernamentales y del campo revolucionario acerca de la forma como se nutre financieramente la injerencia de EE.UU. en Venezuela. Una batería de organizaciones políticas, fundaciones y medios de comunicación han venido operando al servicio de los intereses imperiales, apoyando estrategias diversas, incluso las salidas violentas y extraconstitucionales.
Ahora se enfrentan a una realidad en la que podrían quedar privados de los subsidios que recibían de la USAID y otras agencias. ¿Seguirán en sus proclamadas luchas políticas en caso de que no se restablezca la ayuda estadounidense, que era su principal incentivo?
Las peleas a cuchillo entre opositores
Para completar el desbarajuste de las fuerzas opositoras, estas primeras semanas del año han estado signadas por la división entre facciones.
Por una parte, hay una controversia intensa entre quienes desean participar en los procesos electorales de 2025 y los que, una vez más, han optado por la carta del abstencionismo. En esa polémica se están consumiendo solos (si necesidad de que el chavismo haga nada) los liderazgos de personajes como la ultraderechista María Corina Machado y el excandidato presidencial Edmundo González Urrutia.
La confrontación ha tenido efectos tremendos en algunos partidos que, en teoría, pertenecen al ala moderada, aunque algunos de sus dirigentes han estado en el bando pirómano. Tal es el caso de Primero Justicia, organización en la que se ha escenificado una genuina riña callejera, con aquello que los adecos de otros tiempos llamaban “trompadas estatutarias”, insultos, expulsiones y hasta una insólita pelea entre hermanos biológicos.
No es la primera vez que se divide este partido, nacido como cubil de la juventud ultraderechista que pretendió disputarle el ascendiente popular al comandante Hugo Chávez Frías, en reemplazo de los viejos y averiados partidos del puntofijismo, Acción Democrática y Copei.
PJ, con su primera ruptura interna, engendró a Voluntad Popular, un partido cortado a la medida de Leopoldo López, quien ya no quería seguir disputándose el espacio con Henrique Capriles y Julio Borges. Luego experimentó una segunda escisión, llamada pomposamente la “Rebelión de las regiones”, de la que nació Primero Venezuela. Ahora, de la manera más arrabalera, está ocurriendo la tercera.