Por: Beatriz Rondón
El ser humano está frente a la naturaleza, que es en sí misma, un paisaje. Lo ve desde su visión cosmogónica con la sapiencia que le ha otorgado la vida. Lo escruta, lo aprecia, lo ausculta, lo venera, y lo sacraliza. Pero también podría parecer lo contrario. La naturaleza es el espacio donde coexiste el ser humano, es el piso y el techo de su vida, el horizonte y el límite. El paisaje está ahí, ante la mirada de todos. Podría decirse que el hombre jamás ha estado solo, porque a su alrededor vibra la naturaleza, expuesta como un cuadro pintado por Dios. La visión que el hombre tiene del mundo, es de “progreso”. Es un estigma que lleva grabado desde siempre. Pero el llamado “progreso” podría ser la otra cara de la moneda, donde se confabulan los intereses de los que manejan el poder desde una visión egoísta. La lucha de clases, el flujo de los medios de producción y sus alternativas, el capitalismo irracional, podrían estar acabando con el planeta y no nos damos cuenta. Caminamos por los centros poblados del planeta donde la tecnología ha tejido su maraña de innovaciones, donde la ingeniería civil y mecánica han creado su emporio de sutiles mecanismos de poder, sus estrambóticos edificios, sus hermosas avenidas, y no nos acordamos que antes de ello, esos espacios eran inmensas llanuras, cordilleras pobladas de los más variados animales que lamentablemente amenazan con extinguirse. De bosques tupidos de árboles tropicales, con frutas que ya no están en el mercado. El consumismo de la sociedad de finales del siglo XX y principios del presente siglo, deciden el futuro incierto de la humanidad. El ser humano y el paisaje, podrían ser solo el recuerdo de un tiempo ido en la memoria de las nuevas generaciones. El planeta, albergue del mejor paisaje de todos los tiempos, el paisaje natural, podría desaparecer en cualquier momento, con solo oprimir un botón, que desencadenaría una guerra nuclear. Estamos a las puertas de la mayor decadencia del ser humano, y eso tendría un costo impagable, para la humanidad.