El Estado Comunal, que el pueblo venezolano está creando, tiene su origen inmediato en el juramento del Monte Sacro, que dice Simón Bolívar en Roma en 1805.
La ecuación de la libertad
En 1828, Simón Rodríguez nos dice que “la causa pública está en ocasión de hacer época, y esta es la de pensar en un gobierno verdaderamente republicano” ya que “la América es (en el día) el único lugar donde sea permitido establecerlo”. Rodríguez está reforzando las palabras que Simón Bolívar pronunció el 15 de agosto de 1805 en Roma: “…la civilización que ha soplado del Oriente, ha mostrado aquí todas sus faces, ha hecho ver todos sus elementos; mas en cuanto a resolver el gran problema del hombre en libertad, parece que el asunto ha sido desconocido y que el despejo de esa misteriosa incógnita no ha de verificarse sino en el Nuevo Mundo”.
El gobierno más perfecto
El 2 de febrero de 1847, Simón Rodríguez se encuentra en la República de la Nueva Granada, en un pueblo del suroeste, Túquerres. Allí le escribe al coronel Anselmo Pineda sobre “el gobierno más perfecto de cuantos pueda imaginar la mejor política”. Se refiere el genio caraqueño al gobierno popular que debe existir en el Estado comunal, uno que “dé por el pie al despotismo”. El polímata venezolano concreta lo que esboza Simón Bolívar en Angostura el 15 de febrero de 1819: “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política«. Para Rodríguez tal utopía es posible con una democracia comunal que se logra a través de una confederación de varias toparquías. Rodríguez tiene plena conciencia de que para lograrlo debe desplegarse una revolución cultural, “¡Ojalá cada parroquia se erigiera en toparquía!”.
Gobierno popular
El gobierno popular es la democracia participativa y protagónica que busca fortalecer el poder de las comunidades organizadas a través de comunas para que participen directamente en la planificación y gestión de los asuntos públicos. Este modelo, también conocido como Sistema de Gobierno Popular y Comunal, tiene como objetivo transformar el Estado y la gestión pública, empoderando a la población para que tenga un rol más directo en la toma de decisiones, en lugar de depender únicamente de las estructuras tradicionales del poder público.
El artículo 21 de la Ley Orgánica de las Comunas establece que “el Gobierno de la Comuna es el sistema de autogobierno, administración, organización, articulación, funciones, competencias y atribuciones de la Comuna, ejercido por las instancias que la integran, sustentado en las decisiones de las asambleas de ciudadanas y ciudadanos, las cuales desarrollan la gestión, cogestión, ejecución y coejecución del Gobierno de la Comuna, orientadas al ejercicio de su soberanía, puesta al servicio de las ciudadanas y ciudadanos, en el marco de la democracia participativa y protagónica”.
Las instancias que la integran, son el Parlamento de la Comuna, el Consejo Ejecutivo de la Comuna, el Consejo de Contraloría de la Comuna, el Consejo de Justicia de Paz de la Comuna, la Comisión Electoral de la Comuna y el Banco de la Comuna” (artículo 22).
Democracia comunal
Para Nicolás Maduro Moros, «La democracia comunal es la democracia vecinal en el territorio, organizada por el pueblo». La Ley Orgánica de las Comunas en su artículo 8 señala que “la Comuna se constituye por iniciativa popular a través de la agregación de comunidades organizadas en Consejos Comunales”. Ley Orgánica del Poder Popular establece en el primer parágrafo del artículo 8 que: la “Asamblea de ciudadanos y ciudadanas” es la “máxima instancia de participación y decisión de la comunidad organizada, conformada por la integración de personas con cualidad jurídica, según la ley que regule la forma de participación, para el ejercicio directo del poder y protagonismo popular, cuyas decisiones son de carácter vinculante para la comunidad, las distintas formas de organización, el gobierno comunal y las instancias del Poder Público. La iniciativa para la constitución de la Comuna se instrumentará, previa aprobación de la Asamblea de Ciudadanas y Ciudadanos de cada uno de los consejos comunales propuestos para conformar la Comuna”.
Una comuna que no es productiva no es una comuna. Rodríguez refuerza esta máxima a través de la topofilia, amor al lugar, “la verdadera utilidad de la creación es hacer que los habitantes se interesen en la prosperidad de su suelo”. Luego agrega, “así se destruyen los privilegios provinciales”. Se refiere a las ventajas derivadas del poder de las castas locales (doctores, militares, curas) y de la posesión de la tierra (latifundio) y el trabajo esclavo o forzado (mita). Estos privilegios estaban en conflicto con la autonomía local que él promovía a través de la toparquía, donde cada parroquia se erigiría como una unidad autónoma para resolver sus propias necesidades y beneficiarse de sus potencialidades.
Confederación de Toparquías
La Confederación de Toparquías, o Estado Comunal, es una forma de organización político-social fundada en la democracia comunal, “en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, a través de los autogobiernos comunales, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno y sustentable”. En esta confederación se puede alcanzar la suprema felicidad social. La célula fundamental de conformación del Estado comunal es la Comuna. Ésta debemos entenderla no sólo como una unidad administrativa o territorial, como un municipio, un distrito, un cantón, sino como “un espacio socialista que, como entidad local, es definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento, y sobre el cual se ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable”.
La formación
Para Rodríguez, la cocreación de un Estado Comunal es posible sólo a través de la formación, “si se instruye para que haya quien sepa, y si se educa para que haya quien haga”. De acá el peso histórico que tiene la Universidad Nacional de las Comunas en la educación para la democracia comunal.
En 1850, Simón Rodríguez le contó a Manuel Uribe Ángel el relato circunstanciado del Juramento de Bolívar en el Monte Sacro. Una vez que Bolívar finalizó, Rodríguez se sintió orgulloso de haber sido testigo del acto trascendental, y en las frases finales de su relato dijo con satisfacción: «el muchacho cumplió su palabra. Toca a las generaciones venideras perfeccionar la obra«.












