Greta Thunberg, Francesca Albanese, Roger Waters. Tres rostros conocidos a nivel internacional; respectivamente una activista climática, una relatora de la ONU, y un famoso cantante de rock cofundador de Pink Floyd. Tres figuras pertenecientes a diferentes generaciones, de alguna manera símbolo de su tiempo: los años 70 (Waters), años de ruptura y cuestionamiento sistémico del modelo capitalista, en los que era costumbre retomar en las plazas la invitación del Che Guevara “a encender 2, 3, muchos Vietnam”. Los años que le siguieron, con la creciente balcanización del mundo y de los cerebros, hasta la flagrante contradicción entre la legitimidad del derecho y la legalidad burguesa, pisoteada con arrogancia en desprecio de las leyes internacionales (Albanese). Y la soledad de las jóvenes generaciones (Greta), “obligadas” a crecer y a hacer experiencia, pasando de las luchas sectoriales a las generales.
Tres figuras que marcharon al lado (de forma concreta o simbólica) de la lucha de los portuarios de Génova, el 28 de noviembre de 2025, y en la posterior jornada de huelga general, organizada con éxito por los sindicatos de base (100.000 personas).
El corazón político y moral de la manifestación fue la unidad entre la lucha de los portuarios y la denuncia del imperialismo, explicitada por la presencia de Greta Thunberg y Francesca Albanese: “El genocidio en Palestina no es de ninguna manera un evento aislado – dijo Greta –, sino el resultado de un sistema capitalista e imperialista colonial destructivo que pone las ganancias por encima de las personas”.
El genocidio en Palestina proporcionó el detonante unificador a un cuadro de contradicciones que, en Italia, son silenciadas o distorsionadas por un aparato mediático reforzado por la complicidad de una “izquierda” subalterna a los poderes fácticos, de los cuales ha sufrido el chantaje: tirando por la borda el legado del extraordinario ciclo de lucha, incluso armada, de los años 70-80 que había impuesto a los gobiernos un alto nivel de bienestar, hoy ya reducido a papel mojado; y dejando a las clases populares huérfanas de una radicalidad permitida en cambio a los sectores más reaccionarios del gran capital internacional.
El análisis de la situación económico-social italiana, certificada incluso por las fuentes oficiales de la burguesía europea, es un punto de partida fundamental para comprender el alcance de este prometedor despertar de la lucha de clases. Según los datos de Eurostat, Italia, junto con Grecia, es el único país de la Unión Europea en el que el ingreso real (poder adquisitivo) ha disminuido en los últimos 20 años. No se trata de un accidente estadístico, sino de la prueba de que el mecanismo de acumulación en Italia ha sido sistemáticamente descargado sobre los hombros de la clase trabajadora a través del estancamiento salarial y la alta tributación sobre el trabajo asalariado.
El gobierno de Meloni, que actúa como fiel sirviente de los intereses del capital europeo (y del imperialismo estadounidense) ha diseñado una maniobra financiera plenamente respetuosa de los dictados de la austeridad y bajo la vigilancia de la Comisión Europea. Esta maniobra, que recorta el gasto social (sanidad en colapso, pensiones inciertas y con un nuevo aumento de la edad de jubilación), y no da nada a nadie, excepto a las fuerzas del orden (necesarias para contener la rabia social), es el resultado directo de la obediencia a los mercados y de la voluntad de salir del “procedimiento de infracción”.
La misma maniobra se ve obligada a aumentar los gastos militares en línea con el “plan ReArm” de la UE y la OTAN. Este aumento del gasto bélico se financia con el aumento de la deuda, un “truco contable” que, en última instancia, se pagará a través de mayores recortes y menor gasto social en el futuro. La clase dominante paga sus “compromisos internacionales” (guerra y rearme) vaciando los bolsillos de quienes ya tienen poco.
Las masas empobrecidas que vuelven a salir a la calle detrás de las banderas de Palestina y de los sindicatos de base, que en estos años han llenado el vacío de representación dejado por los sindicatos tradicionales, dicen que la lucha contra la maniobra es una lucha contra la opresión material del proletariado italiano, una opresión que tiene raíces profundas en la sumisión del país a las lógicas de austeridad y rearme del bloque occidental.
La experiencia de lucha de la joven ambientalista Greta Thunberg desenmascara la narración burguesa que separa las crisis: al reconocer que la guerra, como la crisis climática, es un resultado necesario de un sistema que pone la acumulación de la ganancia por encima de la vida humana y del planeta. Es una denuncia de que el genocidio en Palestina es posible gracias a la complicidad activa de los gobiernos occidentales, que “cada vez, ponen el lucro y la expansión colonial por encima del bienestar de las personas y del planeta.”
Más allá de las sutilezas ideológicas, el elogio de esta joven a la fábrica ocupada y recuperada de GKN, y a los portuarios de Génova, definidos como un “faro en estos tiempos difíciles”, cuya acción la conmovió hasta las lágrimas, indican el despertar de una solidaridad de clase internacional desde los jóvenes: como único antídoto contra la apatía burguesa y como la única fuerza capaz de detener la máquina de guerra con un cambio de rumbo radical. Los repetidos intentos de bloquear los buques militares por parte de los portuarios demuestran que la acción directa del proletariado puede poner fin, concretamente, a “nuestra complicidad” con el imperialismo.
Más allá de la fragmentación imperante en el siglo XXI, las calles en Italia están volviendo a tejer importantes nexos entre lo local y lo global: entre la pobreza creciente, los recortes sociales, el rearme, el apoyo al genocidio y los preparativos para otras guerras, como el propósito de atacar a la Venezuela bolivariana para abortar un “ejemplo peligroso” de poder popular. En este marco, va creciendo una importante propuesta para romper el latifundio mediático construyendo una articulación internacional de las plataformas comunicativas: Rompiendo fronteras, comunicando alternativas.










