Durante ocho décadas, Estados Unidos se sostuvo sobre un andamiaje de privilegios financieros que le permitió comportarse como algo que en el Sur Global conocemos bien: un imperio. Con la imprenta del dólar como arma y la red de sanciones como látigo, ha impuesto su voluntad a pueblos enteros bajo el disfraz de “democracia” y “libre mercado”. Pero esa era está llegando a su final. Y los últimos acontecimientos —desde Caracas hasta Beijing— demuestran que el titán ya no manda, sino mendiga.
Hoy asistimos al quiebre visible de la hegemonía estadounidense. No lo dice un político latinoamericano, no lo grita una plaza de Caracas; lo evidencia la realidad económica que golpea a Washington y obliga a sus diplomáticos a retroceder sobre su propio discurso para extender la mano, no para imponer, sino para pedir perdón y petróleo.
Caracas: el espejo donde se refleja la decadencia imperial
Que funcionarios estadounidenses regresen a Venezuela en silencio, sin cámaras, sin declaraciones altisonantes, lo dice todo. Hace apenas cinco años declararon que Nicolás Maduro “no era presidente”, intentaron fabricar un gobierno paralelo con Juan Guaidó, congelaron cuentas del Estado venezolano, robaron activos, bloquearon aviones y colocaron una recompensa millonaria por la cabeza del presidente legítimo de un país soberano.
Hoy esos mismos actores llaman la puerta que intentaban derribar.
¿Por qué?
Porque el supuesto “gigante energético” descubrió que su petróleo no sirve para su propio sistema industrial. Las refinerías del Golfo necesitan crudo pesado, y la mayor reserva de ese tipo está en la Faja Petrolífera del Orinoco.
Estados Unidos sancionó nuestro petróleo con la esperanza de quebrarnos. Pero Venezuela encontró compradores —China, India— que no aceptaron las reglas del dólar. Comenzamos a vender en yuanes y en criptomonedas, demostrando algo que Washington pensó imposible: se puede comerciar energía sin pedirle permiso al dólar.
En ese error de cálculo se desplomó el primer pilar de su poder global: el petrodólar.
La humillación estratégica: Washington necesita lo que quiso destruir
Cuando el imperio sanciona, amenaza, chantajea y aun así debe regresar para negociar con quien intentaba derrocar, no es diplomacia: es rendición en cámara lenta.
Estados Unidos necesita que Venezuela prenda las bombas. No para “estabilidad hemisférica”, sino para que su cadena logística no colapse. Sin diésel, su economía se paraliza. Por eso, la arrogancia discursiva se convierte ahora en susurros diplomáticos.
El Sur Global mira, aprende y entiende:
No era poder, era dependencia maquillada.
China: el acreedor que tiene en sus manos el futuro financiero estadounidense
Mientras suplican petróleo en Caracas, en Washington se vive otra pesadilla: la del Tesoro. El nuevo secretario, Scott Besant, debe conseguir tres billones de dólares en deuda este año. Y los compradores tradicionales —Japón, Europa, los grandes bancos— ya no pueden o no quieren absorber esa montaña de papel.
Solo queda un actor con liquidez suficiente: China, a quien Estados Unidos amenaza a diario con guerras comerciales, aranceles, bloqueos tecnológicos y retórica militarista.
Esa contradicción revela el derrumbe del segundo pilar de su hegemonía: bonos del Tesoro estadounidense como activos “seguros”.
Si China deja de comprar o, peor aún, liquida parte de sus reservas en bonos:
• Las tasas hipotecarias en EEUU podrían saltar a 12 o 15 por ciento.
• El mercado de valores colapsaría.
• El propio sistema financiero estadounidense se fracturaría.
Estados Unidos apunta un arma retórica contra Beijing, pero China sostiene la escritura de su deuda. La asimetría es total. El imperio ya no tiene palancas; solo dependencia.
Cuando el dólar dejó de ser moneda para convertirse en arma
El mundo no olvidó 2022.
Cuando Estados Unidos confiscó las reservas internacionales de Rusia, envió un mensaje inequívoco: el dólar no es neutral, es un instrumento político que puede convertirse en garrote en cualquier momento.
Desde ese día, la confianza se rompió. Y sin confianza, ninguna moneda hegemónica puede sobrevivir.
Los BRICS lo entendieron y aceleraron su transición:
• Brasil vende alimentos a China en yuanes.
• India compra petróleo ruso en rupias.
• Se construye el sistema R5 para intercambios sin depender del dólar.
• Las cadenas financieras empiezan a esquivar la banca estadounidense.
No es que los BRICS quieran destruir al dólar, Estados Unidos lo está destruyendo solo.
La era de la liquidación imperial
La narrativa estadounidense pretende mostrar acercamientos a Venezuela o China como “diplomacia humanitaria” o “cooperación macroeconómica estratégica”. Pero la realidad es otra: Washington está acorralado.
Un imperio dicta términos.
Un deudor los acepta.
Hoy Estados Unidos acepta los términos de quienes intentaba destruir.
Tienen dos caminos:
1. Declarar impago → colapso financiero global instantáneo.
2. Inflar la moneda → empobrecimiento masivo de su propio pueblo.
La historia indica cuál elegirán:
La inflación, la salida lenta y dolorosa, el impuesto silencioso que devora los ahorros de la clase trabajadora estadounidense y europea.
El mundo no se acaba: simplemente cambió de administrador
El fin de la hegemonía del dólar no significa caos mundial. Significa que termina una era de privilegios coloniales disfrazados de globalización.
El ascenso del mundo multipolar liderado por los BRICS representa:
• Un reequilibrio.
• Una recuperación de soberanías.
• El fin del chantaje financiero.
• El retorno a una economía basada en recursos reales, no en deuda infinita.
Mientras en Washington se habla de “firmeza”, sus diplomáticos estrechan manos temblorosas con quienes hoy tienen el petróleo, los minerales, la energía y la liquidez.
Los pueblos del Sur Global no olvidan.
Lo que sí cambió es que ahora tampoco dependen.
Conclusión: El mundo ya cruzó la puerta. Washington apenas lo está notando
La transición ya ocurrió.
Venezuela lo demostró con su resistencia.
China lo confirma con su posición financiera inquebrantable.
Los BRICS lo consolidan con nuevos sistemas de intercambio.
El planeta ya no gira en torno al viejo sol del dólar.
La hegemonía estadounidense vive su ocaso.
Y como pasa con todos los imperios, no cae por un enemigo externo, sino por su propia arrogancia.
Lo que estamos presenciando no es el fin del mundo: es el fin de un mundo.
Y en ese nuevo escenario, el Sur Global por fin tiene voz, peso y futuro.












