2025 ha resultado ser un año desafiante desde todo punto de vista, pero en especial nos ha permitido ratificar la voluntad inquebrantable de la República Bolivariana de Venezuela de no arrodillarse ante nadie, sea cual sea la circunstancia, optimizando en el proceso nuestra capacidad de respuesta y adaptabilidad ante las amenazas y agresiones de un imperio estadounidense que, con independencia de quien coloque sus posaderas en el Salón Oval de la Casa Blanca, sigue empeñado en cambiar el régimen político de Venezuela, para instaurar una dictadura neocolonial, con careta de república.
En tal sentido, y cuando estamos cerrando este 2025, nos llama la atención el reciente análisis hecho por el geopolítico inglés Alastair Crooke, quien ha valorado el reciente evento de agresión contra un buque petrolero con crudo venezolano en los siguientes términos:
Crooke agumenta que la oferta de China a Venezuela en noviembre, seguida de un acuerdo de cero aranceles en la Expo de Shanghái y la entrada de empresas como CCRC para desarrollar «alrededor de 500 yacimientos», señala una corrección decisiva de la antigua visión imperial. Ya no se trata simplemente de «extraer y extraer petróleo venezolano», afirma, sino de una consolidación más profunda en la infraestructura. Marca un cambio respecto a la época en que el poder se basaba en una premisa contundente: «Tenemos un ejército más grande, y ustedes no, tienen que hacer lo que decimos«.
La amenaza contemporánea, sugiere Crooke, no es necesariamente militar en el sentido convencional. En parte, esto se debe a que las tácticas militares se han visto trastocadas por misiles, drones y demás, para lo cual Occidente no está preparado. Pero, más profundamente, el desafío es estructural: la penetración de un orden diferente: crédito, préstamos, puertos, ferrocarriles y corredores. Esto constituye una estructura económica alternativa a la de Bretton Woods y la hegemonía del dólar, construida no sobre la coerción, sino sobre una presencia económica duradera.
Los buques de guerra que atracan frente a las costas de Venezuela, según su interpretación, articulan una nueva doctrina: «No voy a permitir que eso suceda… ni en nuestro territorio, ni en nuestra zona, ni en el hemisferio occidental«, sería la determinación estadounidense. Al bloquear los buques iraníes, chinos y rusos, Washington pretende frenar lo que considera la propagación «insidiosa» de un modelo rival.
Para Crooke, esto es ahora «una nueva guerra de sistemas». La contienda ha trascendido las bases avanzadas y el cambio de régimen; se trata de impedir que una arquitectura alternativa de economía, pagos y crédito se arraigue y se extienda por América Latina y el Sur global.
El propósito de China, afirma, es explícito. Se trata de decir: «Miren, hay una alternativa», donde las naciones no serán amenazadas con sanciones, castigadas por el FMI ni atrapadas en ciclos financieros que permitan a Wall Street meterse en la piscina y obligarlos a privatizar sus activos. Este es un mensaje muy contundente, una declaración de que «estamos listos para desafiar su modelo, su visión de futuro».
El resultado en Venezuela sigue siendo incierto para este analista, quien afirma que en proyección podría convertirse en una guerra cinética. Sin embargo, la transformación más profunda ya es evidente: hemos entrado en una era diferente, definida no por golpes de Estado ni ultimátums, sino por una confrontación más fundamental entre diferentes visiones del mundo.
Esta visión, junto a la publicación reciente de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional por parte de Donald Trump, nos hace estimar que el desafío que tenemos como región será importante en el año 2026, ya que se trata de la defensa no de un tema ideológico entre izquierdas y derechas, sino entre soberanías nacionales que se ven desafiadas y colonias que son creadas a la luz de falsos gobiernos republicanos, bajo la esfera de la muy engañosa y conveniente democracia liberal representativa.
Instancias como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América ALBA -TCP ha mantenido una firme disposición de debatir los asuntos políticos regionales para promover la defensa de América Latina como una zona de paz, en momentos donde la desesperación del imperio estadounidense, que sigue su franca derrota ante la irrupción de un mundo multipolar, les lleva a pretender, ni más ni menos, que crear una cortina de hierro que impida que América Latina se relacione con el mundo, en el marco de un nuevo orden mundial donde la hegemonía exclusiva desde la «pax americana» simplemente ya no es posible por la fuerza de los hechos.
La República Bolivariana de Venezuela está haciendo su parte defendiendo fundamentalmente su soberanía e independencia nacional, con un pueblo que se mantiene absolutamente inquebrantable y una fusión popular – militar – policial que se ha mantenido unida ante cualquier circunstancia, aún en un contexto de ineludible avance de la derecha y el fascismo en la región, muy asociado a la toma militar del Mar Caribe por parte de la actual administración estadounidense.
El desafío no es menor, pero Venezuela está haciendo su parte en defensa del derecho que tienen los pueblos del mundo a determinar su destino con arreglo a lo único que importa: los intereses nacionales.
¡Feliz año 2026!












