La Presidenta Encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, envió un contundente mensaje de firmeza y fe este jueves, frente a las crecientes amenazas que recibe tras asumir la conducción del país en medio de la crisis desatada por el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores.
Durante la instalación de la Comisión del Estado Mayor Agroalimentario, Pesca, Comunal e Industrial —mecanismo clave para garantizar la producción y distribución de alimentos ante el bloqueo económico—, Rodríguez declaró con calma solemne: “Quienes me amenazan, les digo que mi destino, el único que lo decide es Dios”.
La afirmación, pronunciada sin estridencias pero con una convicción profundamente arraigada, resonó en el salón como un juramento político y espiritual. No fue una bravata, sino la expresión de una líder que ha hecho de la entrega a la Patria un acto de consecuencialismo revolucionario, consciente de los riesgos extremos que conlleva resistir frente a una potencia que ha demostrado su disposición a traspasar todos los límites del derecho internacional.
El marco elegido para esta declaración no fue casual. El Estado Mayor Agroalimentario es una de las estructuras de defensa civil más importantes de la Venezuela bajo asedio, creada para blindar la seguridad alimentaria frente a las sanciones coercitivas unilaterales. Al hablar allí, Rodríguez estaba enviando un mensaje múltiple:
- Prioridad al pueblo: Aún en medio de la tormenta geopolítica, el gobierno encargado no descuida las necesidades básicas de la población. La comida es también un campo de batalla.
- Normalidad en la resistencia: La instalación de una comisión técnica demuestra que el Estado no está paralizado por la agresión, sino que continúa su labor de gestión.
- Fe y firmeza como escudo: Su referencia a Dios —en un país de profunda tradición cristiana y espiritual— conecta con el sentir popular y eleva su determinación personal a un plano moral que trasciende lo político.
Esta no es la primera vez que Delcy Rodríguez enfrenta amenazas. Como canciller y vicepresidenta, fue blanco constante de campañas de desprestigio y sanciones personales. Sin embargo, la naturaleza de las amenazas actuales es distinta: con el presidente Maduro secuestrado, ella se ha convertido en el principal obstáculo para los planes de desestabilización y en el símbolo vivo de la continuidad constitucional. Su vida, literalmente, está en la primera línea.
Al responder de esta manera, Rodríguez realiza varios movimientos políticos simultáneos:
- Despersonaliza la amenaza: No la asume como un riesgo individual, sino como parte del costo de defender la soberanía.
- Se encomienda a la fe del pueblo: Al invocar a Dios, se conecta con la espiritualidad de millones de venezolanos que ven en esta lucha un combate entre el bien y el mal.
- Refuerza su legitimidad moral: Presenta su decisión de permanecer en el puesto no como ambición de poder, sino como un llamado superior, una misión aceptada con plena conciencia de sus consecuencias.
Inmediatamente después de sus declaraciones, hashtags como #DelcyNoEstáSola y #MiDestinoEsLaPatria comenzaron a circular en redes sociales, con muestras de apoyo de movimientos sociales, intelectuales, religiosos y ciudadanos comunes. La consigna refleja un entendimiento colectivo: cada amenaza a su vida es una amenaza a la estabilidad de toda la nación.
En los círculos diplomáticos, se interpreta su declaración como un rechazo frontal a cualquier intento de intimidación que busque forzar una rendición o una negociación bajo coerción. Es la confirmación de que Venezuela, bajo su conducción, no negociará su soberanía ni canjeará su dignidad.
En estos días de incertidumbre, la Presidenta Encargada Delcy Rodríguez enseña que el liderazgo revolucionario no se mide solo en tácticas o discursos, sino en la capacidad de pararse frente al abismo con serenidad y declarar, sin arrogancia pero con infinito coraje, que hay cosas más grandes que el miedo: la Patria, el pueblo y la fe en un destino que se escribe con lealtad y entrega.
Su frase quedará grabada en este capítulo de la historia venezolana: un recordatorio de que, cuando un pueblo se une detrás de principios sagrados y una líder asume su papel con esta mezcla de humildad y fortaleza, ni las amenazas más oscuras pueden detener la marcha hacia la libertad. “Mi destino lo decide Dios” es, en última instancia, la afirmación de que su vida pertenece a una causa que trasciende a cualquier imperio.










