Por varios días solo, en el noveno piso de un edificio destruido, el perrito esperaba contra toda esperanza, rodeado por el silencio del colapso y las réplicas que aún estremecían la costa. Su rescate, como el de tantos otros, no fue solo un milagro técnico, sino el resultado de una voluntad política y humana dispuesta a llegar hasta el último rincón para salvar una vida. La solidaridad en la Revolución Bolivariana no se mide solo en clave humana; se extiende, por principios éticos y estratégicos, a todas las formas de vida. Tras los devastadores terremotos del pasado 24 de junio, el estado La Guaira se ha convertido en epicentro de una conmovedora epopeya de resistencia y amor organizada. Allí, donde la tierra tembló con furia, la Misión Nevado ha vuelto a demostrar que en la Venezuela que quiere seguir construyendo socialismo, ningún ser que sienta se queda atrás.
Hasta la fecha, más de 530 animales —en su mayoría perros y gatos— han sido rescatados de entre los escombros y de las infraestructuras colapsadas en la entidad costera. El despliegue es permanente. René Cardozo, coordinador del refugio Los Corales —hoy transformado en el epicentro de atención y localización de animales—, reportó para las pantallas de Venezolana de Televisión (VTV) la magnitud de la tarea: “Solo en un urbanismo se pueden rescatar entre 50 y 60 gatos. La mayoría salen por las noches”. Son los llamados animales comunitarios, aquellos que pertenecen al barrio, cuidados colectivamente por el pueblo organizado.
El diagnóstico clínico de los rescatados revela el impacto invisible de la catástrofe. Muchos de esos animales ingresan a tratamiento veterinario, debido a severas crisis de nervios, inapetencia, deshidratación severa y anemia crónica; patologías causadas directamente por el estrés postraumático de los movimientos telúricos. En la Finca Los Corales, la respuesta del Estado es absoluta y de vanguardia: atención médico-veterinaria, vacunación antirrábica, ecografías, traumatología, rayos X, hematología y cirugías programadas. Todo totalmente gratis. Una realidad que contrasta con la lógica mercantil que impera a nivel global sobre la medicina animal.
Este despliegue no es una acción aislada de asistencia humanitaria, sino la materialización concreta del pensamiento del Comandante Hugo Chávez encarnado en el Plan de la Patria. Específicamente, responde al Quinto Objetivo Histórico, el cual convoca a “contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”.
Este objetivo no plantea una ecología burguesa o de «maquillaje verde», sino un ecologismo socialista que cuestiona el modelo civilizatorio depredador del capitalismo. Dentro de esta visión estratégica, el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y de los animales como sujetos de cuidado y no como mercancías es fundamental. La Misión Nevado, ideada originalmente por el propio comandante Chávez y continuada firmemente bajo la gestión del presidente Nicolás Maduro, institucionaliza el programa de atención veterinaria pública a través de la red de Centros Veterinarios Integrales (CVI), convirtiéndose en la herramienta operativa de este mandato ecosocialista.
El noble nombre de la Misión no es fortuito; evoca una de las páginas más hermosas de la gesta independentista. Nevado, un imponente perro de raza Mucuchíes —originaria de los Andes venezolanos—, entró en la historia patria el 10 de junio de 1813. Fue un regalo del campesinado de Mérida al Libertador Simón Bolívar durante la Campaña Admirable.
Nevado no fue una mascota de palacio; fue un combatiente. Guiado por el indio Tinjacá (conocido como «el edecán de Nevado»), el canino acompañó al Libertador en los frentes de batalla, cruzando la cordillera andina y los llanos, hasta caer gloriosamente en la histórica Batalla de Carabobo en 1821. El indio Tinjacá murió también en esa jornada, defendiendo al perro herido.
En la tradición bolivariana, Nevado es el símbolo de la lealtad incondicional del pueblo y la naturaleza hacia la causa de la emancipación.
El Comandante Chávez rescató esta memoria histórica para fundar las bases del respeto animalista en la Revolución. Una lealtad y empatía que ha mantenido continuidad en la dirección política del presidente Nicolás Maduro, quien ha denunciado y resistido en carne propia la violencia extrema de los factores imperiales. Cabe recordar el nivel de asedio imperialista contra la dignidad del país, que ha llegado incluso a golpear el entorno más íntimo del mandatario: el 3 de enero de 2026, durante la operación de secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la Primera Combatiente Cilia Flores por parte de tropas especiales estadounidenses, el mundo pudo ver el horror a través de los vídeos difundidos por los propios norteamericanos. En esas imágenes, minutos antes de que cayeran las bombas de las fuerzas de ocupación, se observaba a los perros de la familia presidencial moviendo la cola alrededor de la pareja en un último instante de cotidianidad antes de las explosiones. Aquellos canes representan la fuerza y el rescate de la Venezuela que renace, también mostrada en las imágenes de perros y gatos que hoy emergen de los escombros de La Guaira, y que parecen decirnos: ¡los queremos de vuelta!
El rescate en La Guaira también le da valor al rol estratégico de los profesionales de la salud animal en Venezuela. Aunque el país cuenta con una sólida red de siete universidades públicas que dictan los cinco años de la carrera de Medicina Veterinaria —lideradas históricamente por la Universidad Central de Venezuela (UCV) en su campus de Maracay, además de UBV, LUZ, UCLA o la UNERG—, el gremio enfrenta desafíos estructurales debido al bloqueo económico, que a menudo empuja a la subestimación de la profesión en el sector privado.
Es allí donde la articulación entre el voluntariado, los egresados universitarios y la Misión Nevado cobra una relevancia histórica. Frente a las dificultades económicas, el ecosocialismo bolivariano responde con organización popular.
Hoy, mientras las réplicas del sismo cesan lentamente en la costa guaireña, el refugio de Los Corales sigue con las puertas abiertas. Cada perro que vuelve a mover la cola tras recibir tratamiento, cada gato comunitario que es rescatado en la oscuridad de la noche, es un triunfo de la vida sobre la tragedia. Es, en definitiva, la demostración de que el hilo rojo de la lealtad de Nevado sigue intacto en el corazón del pueblo venezolano.










