Por primera vez en cuatro décadas, las importaciones de petróleo de Arabia Saudita hacia los Estados Unidos cayeron a cero durante todo el mes de julio, un hito que no se registraba desde 1985. La drástica contracción, reportada por la agencia Bloomberg con base en registros oficiales del Departamento de Energía estadounidense, obligó a las refinerías norteamericanas a reconfigurar su mapa de proveedores.
Ante el vacío dejado por el reino árabe, que a principios de este año llegó a despachar más de 800.000 barriles por día a mercado estadounidense, la industria refinadora de ese país sustituyó los cargamentos con alternativas de la región.
Venezuela emergió como el competidor más favorecido por este giro comercial, sus exportaciones de crudo hacia EE.UU. escalaron hasta los 600.000 barriles diarios en julio, multiplicando de forma drástica los cerca de 100.000 barriles que promediaba al arrancar el año.
Pese al repunte sudamericano, especialistas energéticos advierten que este reacomodo podría ser de corta duración. Estimaciones de la firma de análisis de datos de mercado Kpler proyectan una pronta normalización del suministro global:
El desplome en julio responde a dinámicas puntuales de distribución y precios internacionales, además, se anticipa que las importaciones estadounidenses de crudo de Arabia Saudita repunten durante agosto.
El flujo de barriles saudíes al mercado norteamericano se estabilizaría en torno a los 300.000 barriles diarios, reanudando sus promedios históricos recientes.










