Las reservas de gas en la Unión Europea sufren una contracción crítica al situarse por debajo del 58% de su capacidad, el nivel más bajo registrado para esta época desde el año 2011. Según datos de Gas Infrastructure Europe (GIE) difundidos por la corporación rusa Gazprom, el déficit actual respecto al año anterior ya alcanza los 13.400 millones de metros cúbicos.
La brecha de suministro se ha profundizado aceleradamente debido a un ritmo de reposición subterránea excepcionalmente lento, lo que ha forzado la extracción anticipada en almacenamientos estratégicos como el de Incukalns en el Báltico.
Esta escasez estructural coincide con una fuerte presión inflacionaria en el mercado energético internacional, agudizada por las recientes tensiones geopolíticas en Oriente Medio.
La transición de la industria europea hacia alternativas transoceánicas más costosas, tras la salida de operación de los gasoductos Nord Stream en 2022, continúa debilitando la competitividad económica de la región. El encarecimiento de la energía sigue impactando directamente al tejido empresarial y a los hogares, consolidando un panorama de desaceleración y cierres industriales en el continente.










