Por: Nicolás Ernesto Maduro Guerra
Durante su historia, este pueblo luchador y heroico no siempre tuvo poder real para gobernar, no se le reconocía en el pasado esa facultad de ser ejecutor directo de la democracia, depositario priorizado en el que reside la soberanía nacional. Fue este principio doctrinario de la Revolución Bolivariana el que hizo necesaria la creación de una categoría nueva e inédita para la política nacional: el Poder Popular.
No se trata de un nombre genérico que simplemente guarda una relación de analogía con el término “pueblo”. Es un nombre propio que designa al pueblo con poder para ejercer, efectivamente, la soberanía y la democracia directa. Y para ello se le dotó de un sólido marco jurídico, basado en el Artículo 5 de nuestra CRBV: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo”; y contenido en las 6 Leyes del Poder Popular que amplifican y pormenorizan lo escrito en nuestra carta magna.
El Poder Popular hoy está más vivo que nunca, más maduro y articulado. Sin embargo, ante un contexto nacional tan complejo como el que vivimos hoy, se hace urgente reactivar los procesos de reflexión política y propositiva del Poder Popular desde una lectura crítica yconstructiva del contexto. No hablamos de los límites de la política partidista, sino de la Política como ejercicio mediador para interceder y decidir siempre a favor del bien colectivo.
Se trata de “trabajar con las dos manos”, atendiendo lo urgente sin descuidar lo estratégico, tal como el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, describe su propio estilo de gobierno.
Por una parte, el Poder Popular debe perfeccionar la brillante experiencia de autogobierno y de democracia directa de las Consultas Nacionales, como una ofensiva constructiva en función de clamores populares urgentes ybien priorizados en el territorio. Por la otra, debemosavanzar hacia una revisión de prioridades y tareas; así como reingeniería del marco jurídico para ajustarnos a los nuevos desafíos estratégicos.
Es lo que ha hecho, con valentía y claridad la presidenta (e), Delcy Rodríguez. Desde lo estratégico, ha aplicado una amplia reingeniería del aparato del Estado en función de esos nuevos retos, una mayor eficiencia y la impostergable necesidad de dar un salto definitivo hacia la prosperidad económica de Venezuela. Toca ahora al Poder Popular hacer lo propio para estar a la altura de las circunstancias, y estamos seguros que lo logrará.
“Este es un pueblo que, en los últimos veinticinco años, ha ido forjando una conciencia superior que lo dispone a superar pruebas y convertir problemas en oportunidades, agresiones en respuestas heroicas. Este temperamento nacional de los venezolanos y venezolanas se une a un alma nacionalista que le otorga una identidad inquebrantable”. Así caracterizaba el presidente Maduro al pueblo venezolano en 2024.
La resiliencia del pueblo venezolano no viene de la nada, sino de esa “consciencia superior” a la que alude el presidente Maduro; un nuevo tipo de pensamiento colectivo que se ha vuelto más estratégico, menos reactivo, más centrado en la supervivencia y en mantener el país avanzando frente a situaciones inimaginables: más de una década de guerra económica; brotes de violencia social y política; pandemia de la COVID-19; agresión militar extranjera; secuestro del presidente constitucional en ejercicio; doblete sísmico.
El sentido de la mortalidad, invocado recientemente por los hechos del 3 de enero y del 24 de junio de este año, ha generado impactos en la consciencia individual y colecticadel venezolano. Pero ni los temores naturales ni la sensación de indefensión colectiva han degenerado en violencia ni desbordado los mecanismos de autocontrol social. En Venezuela no ha habido ni habrá guerra civil; no hay violencia interna; el territorio nacional sigue intacto, al igual que la garantía de los derechos humanos, civiles, económicos y políticos.
Detrás de esa consciencia superior del venezolano hay una firme idea de nación, que no es aérea, sino orgánica, colectiva y compartida en tiempo y espacio. Es lo que el presidente Maduro caracteriza como “alma nacionalista”.Nuestra “disposición a superar pruebas” está más allá de toda duda razonable. Nuestro pacto social sigue firme.
Tampoco hay forma de poner en duda nuestra capacidad para “convertir problemas en oportunidades, agresiones en respuestas heroicas”. Una evidencia contundente la hallamos en la respuesta del pueblo y de los sectores productivos nacionales que, en plena pandemia de COVID en el 2020, comenzaron a trabajar junto al gobierno bolivariano en función de la recuperación económica y la construcción consensuada de un nuevo modelo de desarrollo económico que, a pesar de todo, y con sus propias dificultades, hoy se consolida como un modelo de resistencia activa y de esperanza.
Heroica, espontánea y veloz fue la respuesta de quienes acudieron masivamente a La Guaira, llevando alimentos, artículos de primera necesidad, así como su voluntad de trabajo y sus manos desnudas para remover escombros y rescatar vidas. Ellos no se movilizaron para garantizar su propia supervivencia, sino que actuaron en defensa colectiva y solidaria de un pueblo golpeado por la naturaleza. Contamos, pues, con una sólida cultura de protección de lo que somos y de lo que tenemos como nación, es lo que el presidente Maduro describe como una “identidad inquebrantable”.
Esa identidad es el corazón palpitante del Poder Popular y no nos cabe la menor duda de que, como sujeto histórico, estamos listos para avanzar hacia una fase de ofensiva concreta en defensa de la soberanía nacional.








