Por: Jesús Santander
En la dinámica geopolítica y económica actual, Venezuela transita por una etapa decisiva de su historia reciente. Más allá de los discursos defensivos del pasado, el país hoy proyecta una imagen renovada, fundamentada en la estabilidad, la madurez política y el crecimiento sostenido. Bajo el liderazgo único de la Presidenta Delcy Rodríguez, la nación ha comenzado a trazar una ruta firme hacia un destino de prosperidad, con políticas económicas claras y un marco de seguridad jurídica que brinda confianza a inversionistas nacionales y extranjeros, quienes vuelven a ver en Venezuela la mejor plaza para el desarrollo de grandes proyectos.
Este clima de renovación y expectativa favorable no es producto del azar; responde a un esfuerzo sistemático por encauzar la política venezolana a través del entendimiento. El diálogo emprendido entre el Gobierno Nacional liderado por Delcy Rodríguez —coordinado magistralmente en la mesa de negociación por el Dr. Jorge Rodríguez— y los sectores de la oposición representados en la Asamblea Nacional de 2015, sumado al acompañamiento del Gobierno Norteamericano, demuestra que la diplomacia constructiva y el pragmatismo político pueden abrir puertas que antes parecían cerradas. Esta convergencia genera certidumbre no solo en los mercados internos y externos, sino también en el seno de la sociedad civil venezolana.
Frente a esta realidad, quienes insisten en apostar al desastre y al colapso institucional se enfrentan a un muro de rechazo popular. Los actores que promueven la confrontación o el estancamiento saben que están destinados a perecer en sus aspiraciones políticas, tanto en el presente como en el futuro. El pueblo venezolano ha expresado de manera categórica su voluntad: Venezuela quiere paz, quiere desarrollo y exige la mejora paulatina y tangible de la calidad de vida de las familias trabajadoras.
Hoy presenciamos la existencia de un liderazgo nacionalista y comprometido, tanto en las filas del Gobierno como en las diversas corrientes de la oposición variopinta. Son dirigentes, hombres y mujeres, que comprenden la necesidad de exhibir logros reales e impactantes para el desarrollo integral de la Patria. En ellos y ellas deposita su confianza un país que se niega a rendirse, una Venezuela que renace con vocación de grandeza y espíritu de superación.
El camino del crecimiento económico y social ya ha comenzado. Es momento de consolidar las coincidencias, proteger la estabilidad alcanzada y avanzar juntos hacia el futuro próspero que nos merece a todos.
Quienes pretendan desestabilizar el país y apostar al caos institucional deben saber que no pasarán, pues se enfrentan a la firme voluntad de un pueblo que ha decidido firmemente transitar por caminos de paz, estabilidad y orden democrático. Cualquier intento de fracturar la convivencia pacífica choca con el rechazo absoluto de una sociedad que rechaza la confrontación estéril y defiende con determinación el derecho a su desarrollo y tranquilidad.
Por el contrario, aquellos actores políticos y sociales que apuesten sinceramente por enrumbar al país hacia un destino mejor, sumando voluntades y aportando al entendimiento nacional, tendrán sus espacios plenamente garantizados. La construcción de una nación próspera requiere de la participación plural y constructiva de todas las fuerzas que priorizan el bienestar colectivo por encima de los intereses particulares, consolidando así un clima de concordia y certidumbre.
Venezuela es de todos: no pertenece exclusivamente a quienes apoyan al chavismo, sino a todas y todos los venezolanos que hacen vida dentro del territorio nacional, así como a aquellos que viven más allá de nuestras fronteras. A todos nos une un mismo sentimiento de identidad, el amor por nuestra patria y la esperanza compartida de verla crecer con dignidad, justicia y grandeza.
Jesús Santander
CaminandoAndo








