Bolsonaro enfrenta su hora más crítica: La Corte Suprema avanza hacia un juicio sin precedentes por atentar contra la democracia brasileña
El presidente Luis Ignacio Lula da Silva respaldó este jueves sin ambigüedades el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, tras la imputación formal del expresidente por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023. Desde Japón, donde cumple una agenda diplomática clave, Lula envió un mensaje contundente:
«La justicia debe seguir su curso. Si las pruebas muestran culpabilidad, el castigo debe ser ejemplar. Brasil no tolerará más ataques a su democracia».
La declaración del mandatario refuerza la presión sobre Bolsonaro, quien podría enfrentar hasta 40 años de prisión si se comprueba su liderazgo en la trama golpista que buscó derrocar al gobierno electo.
Las pruebas que podrían enterrar a Bolsonaro
El Supremo Tribunal Federal (STF), en un fallo unánime, determinó que existen evidencias suficientes para imputar al exmandatario por:
Incitar a la violencia (Mensajes y reuniones secretas con militares y aliados para desconocer los resultados electorales), planificar asesinatos (Intención de eliminar a Lula, al vicepresidente Geraldo Alckmin y al juez Alexandre de Moraes), orquestar el caos del 8 de enero (Movilización de grupos radicales para invadir y destruir sedes de los tres poderes).
«No fue un simple acto de vandalismo, fue un ataque premeditado contra el corazón de la democracia», afirmó uno de los magistrados del STF.
A diferencia de otros procesos políticos en América Latina, este caso se basa en:
- Grabaciones, chats y testimonios de militares arrepentidos que vinculan directamente a Bolsonaro.
- Financiamiento de grupos extremistas con fondos públicos.
- Negativa sistemática a reconocer su derrota, sembrando el caos institucional.
Brasil escribe hoy un capítulo definitivo en su historia: el día en que la justicia le pone freno a la impunidad de los poderosos. Bolsonaro no es víctima, es el arquitecto de su propia caída. Las pruebas están sobre la mesa, los testigos hablan y el pueblo exige respuestas. Si los tribunales confirman lo que el mundo ya sabe —que hubo golpe, que hubo conspiración, que hubo traición—, la celda no será un castigo, sino la reivindicación de una democracia que se niega a morir.
La sentencia está por venir, pero el mensaje ya es claro: en Brasil, los que atacan las instituciones… caen. Y esta vez, no habrá marcha atrás.