En el corazón del proyecto bolivariano late una convicción: la verdadera democracia no se agota en el voto cada cierto tiempo, sino que se construye día a día con la participación protagónica del pueblo.
Las consultas populares en Venezuela representan la materialización concreta de este principio, en un contexto de lucha contra las viejas estructuras de la democracia representativa que durante décadas excluyeron a las mayorías.
La Constitución de 1999: un giro hacia el poder popular
La Carta Magna venezolana, aprobada abrumadoramente por el pueblo, estableció en su artículo 5 que «la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público» . Este artículo sienta las bases para lo que Hugo Chávez denominaría «la democracia revolucionaria».
El artículo 70 es particularmente avanzado al definir los medios de participación y protagonismo del pueblo, incluyendo «la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas»
Las consultas como ejercicio de soberanía anticapitalista
Las consultas populares impulsadas desde el proceso bolivariano responden a una lógica diferente a las consultas esporádicas de la democracia representativa.
Se enmarcan en la construcción del Estado comunal, donde el pueblo organizado decide directamente sobre los recursos y políticas públicas.
Como explicaba el comandante Chávez: «No se trata solo de votar cada cierto tiempo, sino de construir una sociedad donde el pueblo sea gobierno, donde el pueblo decida directamente en sus comunidades, en sus comunas, en sus consejos comunales» . Esta visión implica transferir progresivamente competencias y recursos hacia las instancias del poder popular.
En abril de 2025, el gobierno bolivariano convocó una Consulta Popular Nacional con más de 7,400 mesas de votación , no para elegir representantes, sino para que las comunidades decidieran directamente sobre proyectos de desarrollo local. Este proceso, custodiado por 140,000 efectivos de la FANB , demostró que la democracia participativa puede ser más profunda y sustantiva que la mera elección de autoridades.
La Consulta Popular Nacional es el mejor método que ha implementado el presidente Nicolás Maduro para fortalecer el poder en lo territorial. Aquí el pueblo no solo elige, sino que gobierna».
Legado histórico y desafíos actuales
La democracia participativa en Venezuela bebe de fuentes históricas profundas: desde las luchas indígenas contra el colonialismo hasta las experiencias de organización popular en la Venezuela del siglo XX. El proyecto bolivariano ha tratado de sintetizar estas experiencias en un modelo original que supere las limitaciones de la democracia representativa.
Sin embargo, este proceso enfrenta desafíos significativos. El sociólogo argentino-mexicano Atilio Borón, ha señalado que «la construcción del socialismo del siglo XXI es un proceso lleno de contradicciones, donde coexisten avances extraordinarios en participación popular con viejas prácticas clientelares y burocráticas» .
El bloqueo económico y las sanciones unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea han complicado aún más este proceso, limitando los recursos disponibles para financiar los proyectos aprobados en las consultas populares.
Hacia una democracia socialista del siglo XXI
Las consultas populares en el Venezuela bolivariana representan un laboratorio vivo de lo que podría ser una democracia socialista en el siglo XXI: un sistema donde el pueblo no solo elige cada cierto tiempo, sino que decide cotidianamente sobre los asuntos que afectan su vida colectiva.
Como expresó el presidente Maduro en el lanzamiento de la última consulta: «Estamos demostrando que otra democracia es posible, una democracia donde el pueblo es el verdadero soberano, no las élites económicas ni los partidos tradicionales» .
El camino sigue abierto, con aciertos y errores, pero con la convicción de que, como dice una consigna popular en las comunidades organizadas: «Aquí manda el pueblo». Las consultas populares son, en última instancia, la expresión concreta de este principio en construcción permanente.
Aún con la amenaza de un despliegue militar estadounidense en el Caribe, Venezuela celebra este domingo 23 de noviembre la Cuarta Consulta Popular Nacional, un ejercicio que el gobierno presenta como una reafirmación de su modelo de democracia participativa y protagónica desde la izquierda.
Las autoridades, a través del ministro para las Comunas, Ángel Prado, han destacado que esta «maquinaria popular» es la construcción de una «democracia directa» propia, donde los vecinos eligen sus proyectos comunitarios para financiamiento inmediato en 5.336 circuitos comunales, demostrando que los procesos democráticos continúan pese a las presiones externas. El presidente Nicolás Maduro, quien invitó a través de redes sociales a participar para «tener una gran victoria de la democracia, del gobierno popular y de la paz», enmarca esta consulta como la respuesta civil y pacífica de un pueblo que se moviliza para consolidar su unidad y su sistema político ante las amenazas imperiales.










