Sistematizado por: Francisco Quevedo
La historia, mal usada, es la herramienta de traidores para disfrazar su entrega. El mundo vio un acto lamentable, indignante y humillante: María Corina Machado, en sumisión colonial, acudió a Washington —entrando por una puerta común— a entregar su Nobel de la Paz a Donald Trump; el mismo que la despreció en medios y bombardeó Venezuela en un acto de guerra matando a más de 100 venezolanos.
Machado pretendió una analogía histórica entre ella y Bolívar, y Trump y Lafayette. Su desconocimiento es tan grande como su servilismo: ni ella es Bolívar, ni Lafayette fue la «amistad desinteresada» que el imperio vende.
La verdad sobre el «regalo» de 1825
No fue Lafayette quien decidió «premiar» a Bolívar; el aristócrata francés solo fue intermediario y mensajero. El obsequio —medallón con cabello y retrato de Washington— lo envió la familia Washington en 1825. Lafayette y Bolívar nunca se vieron.
Bolívar recibió el objeto con respeto, pero fue un soborno simbólico e intentó de captura ideológica. Mientras el pueblo gringo admiraba al «Washington del Sur» (Simón Bolivar), sus élites esclavistas tildaban a Bolívar de «dictador» y «nuevo César» en informes secretos.
Espionaje y traición tras falsa neutralidad
Tras los regalos venían puñales: la élite del Norte envió espías para vigilar al Libertador. La relación ya estaba fracturada; James Monroe mantuvo una «neutralidad» hipócrita mientras vendía armas a España para perpetuar el dominio colonial en Venezuela. Ante esto, Bolívar sentenció en 1818:
«No debemos esperar nada de los Estados Unidos… ellos solo ven sus propios intereses».
Choque de modelos
En 1823, la Doctrina Monroe («América para los estadounidenses») chocó con la Unión Grancolombiana. Las élites gringas intentaron «domesticar» a Bolívar con el regalo de la familia Washington para que se subordinara a su modelo y además abandonara su vínculo de negocios con los británicos, preferido por Bolívar por su pragmatismo frente a la falsa «libertad» gringa que aún mantenía esclavos.
Bolívar: El indomable
A diferencia de la derecha que se arrodilla por una foto, Bolívar nunca se doblegó. Aceptó la medalla pero jamás entregó soberanía. Los gringos no pudieron convertirlo en lacayo; por eso sabotearon el Congreso de Panamá en 1826, temiendo a un líder que no pedía permiso para ser libre.
Quienes hoy usan reliquias para sellar pactos de entrega no son herederos de Bolívar, sino de los agentes que intentaron comprar su alma. La historia se repite como farsa vergonzosa de quienes entran por la puerta de atrás del imperio a entregar lo ajeno.
En resumen:
María Corina Machado es la mayor traidora de la historia venezolana, historia que desconoce o malinterpreta.
Que no venga con cuentos a quien sabe de historia.










