Dos recientes intervenciones llevadas a cabo públicamente por mandatarios, nos dejan evidencia clara de la actual situación de anomia internacional, y además un contexto en el cual no solo parecen escalar los frentes de guerra existentes en el mundo, sino además se prepara la apertura de nuevos escenarios de conflicto.
En el primer ejemplo y durante la 21.ª reunión anual del Club Internacional de Debate Valdái, el presidente de la Federación de Rusia Vladimir Putin hizo la siguiente valoración sobre el estado actual del planeta:
«El antiguo orden mundial está desapareciendo irreversiblemente; de hecho, ya ha desaparecido, y se está desatando una lucha seria e irreconciliable por el desarrollo de un nuevo orden mundial. Es irreconciliable, sobre todo, porque ni siquiera se trata de una lucha por el poder o la influencia geopolítica. Es un choque de los mismos principios que fundamentarán las relaciones entre países y pueblos en la próxima etapa histórica. Su resultado determinará si seremos capaces, mediante esfuerzos conjuntos, de construir un mundo que permita a todas las naciones desarrollarse y resolver las contradicciones emergentes basadas en el respeto mutuo por las culturas y civilizaciones, sin coerción ni uso de la fuerza; y, finalmente, si la sociedad humana podrá conservar sus principios éticos humanísticos y si un individuo podrá seguir siendo humano».
Por su parte el presidente de Serbia, Alexander Vucic, fue un poco más allá al afirmar que casi nadie estaba trabajando por la Paz en el planeta; sino que «cada quien está cavando su trinchera y esperando el momento», el cual calificó como de «caos total» en el mundo.
Con estas dos aseveraciones está muy claro que América debió ser más vehemente en la denuncia de cualquier tipo de acción que vulnerase su paz. La fragmentación e inacción ante la escalada que está desarrollando Estados Unidos en el Mar Caribe deja ver que buena parte de nuestra región está absolutamente fuera del contexto mundial actual, creyendo que podrán escapar de la moda de crear frentes de conflicto, más cuando ya América Latina significa mucho más de lo que fue durante la Segunda Guerra Mundial, por ser una fuente de riquezas absolutamente apetecible para casi todos los poderes mundiales.
Con las excepciones de la República de Colombia encabezada por el presidente Gustavo Petro, y las posiciones absolutamente casadas con la paz, pero muy firmes, provenientes de los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América ALBA -TCP, es evidente que muchos factores están tratando de mirar para otro lado mientras le hacen carantoñas al actual gobierno de Donald Trump, creyendo que el plan de despliegue militar por el Mar Caribe tiene que ver con algún tipo de «mal comportamiento» en la región, de acuerdo a los canones, bastante flexibles -por decir algo elegante-, de principios y valores de la élite de poder de Estados Unidos.
En realidad, la fragmentación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, acompañada de la infantil posición de la diplomacia de Brasil de evitar el ingreso de la República Bolivariana de Venezuela al grupo BRICS+, en una lógica absurda de evitar que nuestro país entrara para no «competir» con el gigante brasileño, han servido al imperialismo en su desarrollo de frentes de conflicto en el mundo para abrir la puerta de un escenario de guerra en América Latina.
Bajo la farsa entronización del narco-Estado y aprovechando esta inacción, el gobierno de Donald Trump quien ha afirmado abiertamente que “llegó la hora de dejar de ser políticamente correctos”, y de simplemente ganar, sigue avanzando en su puesta a punto para generar un estado de cosas en Venezuela que parecen ir incluso más allá del cambio de régimen político.
Finalmente, si dentro de su planificación de agresión lo más importante son los recursos, tal vez les importe poco o nada generar un estado de guerra en América Latina cuyas consecuencias serían catastróficas incluso para quienes desfilan al lado del mandatario estadounidense, creyendo ridículamente que tendrán alguna esfera de protección cuando las consecuencias de la guerra les toquen la puerta.
Es el estado actual de las cosas, así estamos.












