La realidad es que una agresión directa o indirecta sobre mar territorial o territorio venezolano es un escenario completamente factible e inminente. Esto lejos de ser una situación de alarmismo es de preparación ante una posibilidad que es imposible negar.
Esto último porque, y acompañando la aseveración realizada por el Ministro de la Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, la República Bolivariana de Venezuela está observando todos los movimientos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, en un despliegue absolutamente injustificable desde el punto de vista político, legal así como de falsa narrativa de lucha contra un narcotráfico, cuyos números en el Mar Caribe son incipientes, en comparación con el gran flujo de droga que pasa hacia el norte por el Océano Pacífico.
Por lo anterior, resulta completamente lógica la elevación de la denuncia por parte de nuestro país ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, así como las exigencias realizadas durante su intervención por parte de nuestro embajador en Naciones Unidas, Samuel Moncada, para que sea esta la instancia que se active en función de desescalar una situación absolutamente inaceptable desde el punto de vista político; pero a su vez inevitable de observar en cuanto a la amenaza que representa para la paz, no sólo de Venezuela sino de toda una región, por el impacto que pudiese causar cualquier tipo de acción en contra de territorio venezolano.
Tres puntos son absolutamente claros y certeros en sus objetivos:
«Primero, que se determine la existencia de una amenaza a la paz y la seguridad internacionales por la actual escalada militar de los Estados Unidos en el Caribe.
Segundo, que se adopten las medidas necesarias para evitar que la situación sobre el terreno se agrave aún más.
Y, tercero, que se apruebe una resolución en la que todos sus miembros, incluyendo los Estados Unidos, se comprometan a respetar la soberanía, la independencia y la integridad territorial de la República Bolivariana de Venezuela».
Visto todo lo anterior y ante la inminencia de alguna situación concreta de agresión que escale aún más lo ya sucedido en estas semanas, es bueno hacer ver algunas consideraciones que probablemente han sido poco valoradas por algunos laboratorios de ideas y operadores políticos en los Estados Unidos.
Sin contar las páginas recientes de la historia de Venezuela, que han demostrado de manera firme nuestro absoluto carácter irreductible ante cualquier amenaza o agresión ejecutada sobre nuestro territorio, nuestro cuerpo político, económico y social; básicamente nuestra nación, que tiene más de 200 años, no exhibe páginas de rendición en sus haberes.
Al contrario, en condiciones materiales absolutamente desfavorables; ya que en comparación con los virreinatos existentes antes del proceso de Independencia Nacional, la capitanía general de Venezuela era el territorio más pobre de Hispanoamérica con una población que apenas llegaba a los 700,000 habitantes.
Sin embargo esa pequeña capitanía, con una generación de hombres y mujeres extraordinarios encabezados por el Padre Libertador Simón Bolívar fue capaz de construir una de las epopeyas liberadoras más grandes de la América del Sur, determinándose en expulsar todo vestigio de Imperio de España, que en aquella época era el más poderoso de todo el planeta luego de haberse liberado de los moros y posteriormente haberle ganado los mares al Reino de Inglaterra, al tiempo de explotar y saquear todo cuanto pudo durante 300 años de colonización en Hispanoamérica.
Más allá de toda dificultad, nuestra Nación se erigió en esa época histórica que le ha permitido resistir hasta este punto todas y cada una de las andanadas del salvaje imperio estadounidense, cuya desesperación por tragarse una a una las naciones de América Latina para saquear todos sus recursos, es completamente evidente.
Por ello, y ante la inminencia de alguna acción de agresión sobre nosotros, es que debemos recordar el carácter de nuestra historia donde la rendición nunca ha sido una posibilidad, más cuando está en juego nuestra supervivencia como República, cuestión mucho más trascendente que los reducidos análisis que unen esta escalada de agresión a temas propios del proceso político venezolano.
Ojalá la diplomacia se imponga y nada suceda, pero Venezuela no está escondida ni atemorizada, está preparada ante cualquier circunstancia.
Nuestra condición de independencia no se negocia con absolutamente nadie.












