Por: Carlos Aznárez, Geraldina Colotti
En nuestro programa semanal, Abre brecha Venezuela, tuvimos el agrado de recibir a Ricardo Molina, ministro para el Ecosocialismo e integrante de la Dirección Nacional del PSUV. Un cuadro político de gran experiencia, que ha desempeñado muchos cargos importantes en la Revolución Bolivariana, entre ellos el de Ministro de Hábitat y Vivienda. Aquí presentamos una síntesis de la entrevista, en vísperas del Congreso Mundial por la Madre Tierra que se celebrará en Caracas los días 8, 9 y 10 de octubre.
-En un mundo complejo y agresivo, ¿Cómo busca Venezuela, bajo el ataque del imperialismo norteamericano, defender la Tierra? Y en este contexto, ¿cuál es el objetivo y la importancia del congreso mundial que están organizando, y quiénes participarán?
-El Presidente Maduro ha diseñado una política integral basada en el Ecosocialismo, que yo defino como: «satisfacción de necesidades humanas con equidad y con profundo respeto por la naturaleza». Esto se concreta en acciones como la meta de sembrar cien millones de plantas al año, la defensa de la fauna silvestre y la mejora en la gestión de residuos, con apoyo de la ciencia y tecnología.
Frente a la crítica a las cumbres del clima (COP)-donde los países capitalistas poderosos no cumplen sus compromisos y culpan al Sur Global-, el presidente convocó a un congreso mundial en Caracas para que los pueblos fijen posición. Se realizará el 8, 9 y 10 de octubre y allí debatiremos abiertamente sobre la relación con la madre Tierra y la satisfacción de necesidades, la crisis climática y el modelo socioeconómico imperante, la defensa de quienes protegen los derechos de la madre Tierra, y el negocio capitalista detrás de los incendios forestales.
El objetivo es llevar una voz única y las aspiraciones de los pueblos a la COP 30 en Belém do Pará.
-Como cuadro político histórico, ¿cómo analiza el punto en que se encuentra hoy la Revolución Bolivariana, que impulsa el Estado Comunal mientras responde a un brutal ataque imperialista?
-Nuestra posición es muy firme: continuaremos con nuestro proyecto, que es de la humanidad. Nunca estamos a la defensiva, sino a la ofensiva con una política de paz. Somos una «revolución pacífica, pero armada» de conciencia. La respuesta del pueblo, bajo la orientación del comandante en jefe, Nicolás Maduro, es más organización, más trabajo y más planificación. Pese a ser un país pequeño con poco más de treinta millones de habitantes, tenemos una moral que se pierde de vista. Nuestra fortaleza se basa en cinco pilares fundamentales: Pueblo organizado. Un líder que no traiciona. Un partido sólido. Un plan claro (el Plan de la Patria). Nuestra arma secreta, la unión popular-militar-policial.
Estamos convencidos de que seguiremos adelante, independientemente de lo que decida el imperio estadounidense.
-¿Cómo se desarrolla la lucha contra las corporaciones de transgénicos y cuál es la importancia de la colaboración con movimientos como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil?
-La resistencia y convicción del MST son un ejemplo a seguir. La gran fortuna de Venezuela es que, desde el comandante Chávez, las iniciativas populares se convierten en políticas de Estado. En Venezuela existe una Ley de Semillas que prohíbe el uso de semillas transgénicas, lo cual no sucede en ninguna otra parte del mundo. La relación con el MST nos ayuda a mantener la perspectiva de lucha permanente. Al Congreso por la Madre Tierra vendrán cerca de 200 movimientos sociales de 53 países, todos en resistencia, para ver cómo aquí logramos convertir estas ideas en políticas de Estado, con respaldo del Gobierno.
-¿Cómo se materializa en la práctica el poder ecosocialista, en el marco de la construcción del Estado Comunal, y cómo se explica este modelo de desconcentración?
-Hemos organizado el territorio en 5.336 comunas, donde se han establecido las salas de Gobierno Comunal. Una de las siete áreas de poder dentro de estas salas es la transformación ecosocialista con ciencia y tecnología, ejercida por voceros electos de la comunidad. La política es centralizada, pero su ejercicio está desconcentrado. Esto permite el control territorial directo. Por ejemplo, si hay un intento de deforestación en una comuna, el Consejo Ecosocialista local detiene la acción inmediatamente, sin esperar un proceso burocrático que venga desde la capital. Es la democracia real en el territorio, la «teoría del queso rallado» de Aristóbulo Istúriz, donde el poder se distribuye para que sea imposible de robar.
-¿Cómo han fortalecido las “sanciones” la soberanía económica, y cuál será el mensaje central de Venezuela en la COP30?
-Los ataques y las más de mil cien medidas coercitivas unilaterales no han logrado paralizar el país; al contrario, nos han obligado a buscar nuevas formas de hacer las cosas. El sistema económico se ha fortalecido: hoy, más del 95% de los alimentos se produce en el territorio. Respecto a la COP30, nuestra propuesta es clara: la crisis climática no se combate desde los gobiernos o las corporaciones transnacionales, sino solamente desde los pueblos organizados en su territorio. Llevaremos el ejemplo de nuestro modelo de Mapa de Soluciones y Agenda Concreta de Acción, donde las comunidades identifiquen y resuelvan sus problemas con el apoyo del Gobierno. Esa es la posición que el mundo debe escuchar.












