Papel y Tinta

Bolívar y las necesidades del pueblo

Hipolita

Bolívar se preocupó siempre por atender hasta las más mínimas necesidades del pueblo. No se distanció de los de abajo pese a su elevada posición social. A pesar del tiempo que le exigían los altos cargos, siempre dispuso de tiempo para oír al pueblo. Y a pesar de los contratiempos propios de la guerra fue sensible siempre al sufrimiento de los humildes. “Hacer bien no cuesta nada y vale mucho” decía.

Nunca se desentendió de la gente humilde ni subestimó sus necesidades. A la negra Hipólita, quien lo cuidó de niño, le fijó una pensión mensual de su propio peculio. Al enterarse de que pasaba trabajo y necesidades escribe a su hermana María Antonia una de sus epístolas más conmovedoras: “Te mando una carta de mi madre Hipólita, para que le des todo lo que ella quiera, para que hagas por ella como si fuera tu madre, su leche ha alimentado mi vida y no he conocido otro padre que ella”. En comunicación dirigida al Vicepresidente de la República le ordena: “Disponga que a la señora madre del difunto coronel Luciano de Elhuyar se le dé mensualmente de mi sueldo la misma pensión que gozaba por el gobierno antes de ahora, mientras el gobierno tenga a bien determinar se le continúe de algunos de sus fondos”. En otra comunicación le manda : “Disponga que a la viuda del señor coronel Villavicencio se le dé mensualmente una pensión por cuenta de mi sueldo correspondiente al total de doscientos pesos anuales”.

Nada escapa a su atención, más aún cuando se trata de resolver las demandas de los humildes. Ante la petición de aumento de sueldo formulada por un empleado (15 de octubre de 1827), a causa de “la carestía de los víveres y habitaciones” el Libertador responde: “atendiendo a tan justas razones he venido en acceder a su solicitud, asignándole el sueldo de quince pesos mensuales; o ciento ochenta anuales, que empezará a disfrutar desde el 1° del próximo noviembre”.

Conocía los contratiempos de la tropa y se adelantaba a mitigarlos o evitarlos. Ordena que a los soldados que deben atravesar regiones calurosas “les lleven limones para que beban agua de limones con panela o miel, todo para evitar el mal clima y el calor excesivo del día y el país”. Sobre los pantalones para los soldados le expresa a Sucre: “Dé Ud. orden al comandante de Puerto Cabello que haga agrandar los pantalones que, por muy pequeños, no sirven a la tropa”. Y siempre buscó recompensar materialmente sus esfuerzos. Propuso donarles tierras para garantizar la prosperidad del pueblo comprometido con la causa. Destaca: “Los soldados del ejército libertador eran demasiado acreedores a las recompensas el gobierno para que hubiese podido olvidarlos”. Insiste en que este decreto no sea retardado en su cumplimiento ni desnaturalizado en su intención. Ordena: “Las formas legales deben mantenerse lo más cortas y simples que se pueda, evitando el peligro de distribuir bonos en lugar de tierras”.

De igual manera para enfrentar la situación de miseria en que vivían los indígenas emitió una serie de decretos. Bolívar exige (16 de enero de 1821) que se respete la propiedad de los indígenas, “que se ampare a estos indios. Siendo esta la voluntad del Gobierno porque así lo exige la justicia”. Insiste, en febrero de 1821, en que el propósito del Estado es “procurarles una cómoda y fácil subsistencia”. Y agrega: “En cualquier caso de duda, consulte Ud. el interés y ventaja de los indios”.

Bolívar se preocupó por los seres más humildes y a todos trató de ayudar. Entendía el significado de la libertad para cualquier ser humano. Le ratifica a su apoderado Anacleto Clemente (29 de mayo de 1823) que a todos sus antiguos esclavos: “los he dado libres porque eran míos y he podido darles la libertad; así, ninguno quedará esclavo por ninguna causa ni motivo”.Muchas veces debió defender a sus antiguos esclavizados de nuevos intentos de quitarles la libertad. El 26 de abril de 1827 debe salir en defensa de María Jacinta Bolívar. Dice: “Conste que a María Jacinta Bolívar, esclava de mi propiedad en la hacienda de San Mateo, le concedí la libertad, de que ahora goza, en el año de mil ochocientos veintiuno, después de la batalla de Carabobo. Libertad que ratifico por la presente carta dada en Caracas”.

Bolívar es un modelo a seguir en materia de sensibilidad, altruismo y solidaridad. Por esta razón se decepcionó tanto de Páez, insensible ante las penurias del pueblo. En 1828 al recibir noticias acerca de la crítica situación de Venezuela el Libertador expresa: “Las cartas de Caracas me afligen, todas me hablan de la miseria del país y del estado de muerte en que se hallan los negocios mercantiles y la agricultura: solo el General Páez nada me dice de esto, seguramente porque los negocios suyos están en buen estado y poco le importa la pobreza pública”.

Bolívar con su prédica y su ejemplo nos enseñó que debemos ponernos siempre en los zapatos del pueblo. Que no podemos encumbrarnos e ignorar sus angustias. Que, sobre todo en esta época -cuando producto del acoso contra nuestro país al pueblo se le dificulta acceder a los más elementales bienes y servicios-, quienes ocupan algún cargo deben entender su sufrimiento y comprender sus padeceres. Solo así podremos buscar soluciones a las necesidades del pueblo y propiciar estrategias para que este pueblo asuma el protagonismo en las luchas contra la injusticia. Aprendamos de Bolívar: “Hacer bien no cuesta nada y vale mucho”.

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