Papel y Tinta

Yván Gil: “La política-boomerang de la Unión Europea”

Geraldina Colotti

“La única forma de construir una nueva economía es fortalecer el poder del pueblo, el poder creativo del pueblo. Por eso la comuna es nuestro proyecto estratégico “. Así lo afirma Yván Gil, viceministro de Relaciones Exteriores por Europa, al referirse al primer Congreso Internacional de las Comunas, que se celebró en Caracas entre el 18 y 20 de octubre. Y, a este respecto, su opinión es competente, ya que ha desempeñado, entre sus numerosos cargos en el proceso bolivariano, el de Ministro de Agricultura y Tierras y el Viceministro de Seguridad y Soberanía Alimentaria.

Con la amabilidad habitual, nos recibe en su oficina en Caracas, unos días antes de la votación en la ONU, donde Venezuela ha obtenido un puesto en el Consejo de Derechos Humanos. Una victoria que, con enojo, el imperialismo está tratando de neutralizar a través de las maniobras de lobbies de las grandes agencias del humanitarismo a sueldo de Washington, decididas a presionar los 11 votos de diferencia que eliminaron la candidatura de Costa Rica. Profesor asociado de Agraria en la Universidad Central de Venezuela (UCV), nacido en 1972, Gil responde las preguntas alternando el uso de la primera persona con el del plural, más a gusto con la descripción de los procesos colectivos que han transformado y puesto en el tema los caminos individuales, que con la historia personal. Por otro lado, en Venezuela, cada ministerio está precedido por la especificación de ser un ministerio “del poder popular para …”.

¿Cuál fue tu viaje en la revolución bolivariana?

En la secundaria, formamos parte del colectivo estudiantil que, el 27 y 28 de febrero de 1989, salió a la calle para protestar durante el Caracazo, la revuelta contra el paquete de medidas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional y cuyos efectos vimos en Europa, en América Latina y vemos ahora en Ecuador. Medidas de desplazamiento siempre rechazadas por el pueblo. Desde entonces, formé parte de los movimientos populares, primero estudiantiles, luego universitarios y acompañé, con corazón y acción, los días de la rebelión cívico-militar de 1992, los del 27 de noviembre, seguidos de la acción de Chávez de 4 de febrero. Los días del 4 de febrero de 1992 y los de noviembre fueron preparados por la revuelta del Caracazo. A partir de entonces, participé en todas las fases del proceso revolucionario. Cuando me convertí en profesor asociado de Agronomía en la UCV, participamos en la red de universidades bolivarianas, en círculos bolivarianos, siempre unidos por el movimiento popular que apoya el proceso bolivariano. Luego, desde 2007, hemos tenido que asumir varias tareas en el poder público ejecutivo: presidente del Instituto de Investigación Agrícola, Viceministro y Ministro de Agricultura, Vicepresidente del Consejo de Ministros en el área de soberanía alimentaria, y ahora durante dos años y medio aquí al Ministerio de Asuntos Exteriores con responsabilidad por Europa. Años muy intensos. Mirando hacia atrás ahora, no hay venezolano que no haya sido tocado de alguna manera por la presencia de Chávez. El comandante tenía la capacidad de ir directamente a todos los venezolanos, y esta es una peculiaridad hermosa de la revolución bolivariana.

¿Qué recuerdas de los días del Caracazo, que muchos han asociado con las recientes protestas en Ecuador y Chile, países que han adoptado dócilmente la receta del FMI?

Recuerdo la revuelta popular contra las medidas neoliberales, la pasión y las expectativas del pueblo, la misma ira que vemos ahora en Ecuador y Chile, la represión, los camaradas caídos o arrestados. Que entre 1989 y 1998, cuando Chávez ganó las elecciones presidenciales, fue un período muy interesante, que vio varias fases: la lucha popular en el Caracazo, el apoyo a la rebelión cívico-militar del 4 de febrero y el 27 de noviembre, la campaña para la liberación de presos políticos que obtuvieron el perdón no por concesión del gobierno, sino por presión popular. Y luego la lucha democrática durante la campaña electoral contra las maniobras del Consejo Nacional Electoral de la época, la victoria, el proceso para la Asamblea Nacional Constituyente. Un camino lleno de lecciones para enfrentar esta nueva etapa de resistencia contra el imperialismo.

A pesar de lo que querían pensar en Europa, colocando la figura de Chávez en el “caudillismo” latinoamericano, los documentos inéditos contenidos en el libro “Hugo Chávez, así empezó todo”, muestran la profunda relación del chavismo con la izquierda radical venezolana en los años de IV República. ¿Cuál es tu lectura?

Como explicó Chávez, que afortunadamente nos dejó mucha memoria audiovisual, mucha literatura, la fase más intensa del proceso bolivariano comienza cuando las contradicciones de la clase dominante surgen en 1989 con el gobierno de Carlos Andrés Pérez o cuando el colapso del modelo rentístico, cuyos inicios se identificaron en esos años. Pero el proceso había estado incubando durante mucho tiempo. Se remonta a la resistencia que condujo a la expulsión de Marco Pérez Jiménez del poder, en 1958, a la clase obrera organizada por el Partido Comunista de Venezuela, luego hegemón en los sindicatos, en los estudiantes, en los trabajadores, a ese gran apoyo popular, a esas aspiraciones más tarde traicionadas por el partido. Acción democrática. Y luego, nuevamente, el ciclo de lucha armada, reprimido y masacrado por los gobiernos de la época, a aquellos que fueron años muy duros para el proceso bolivariano. Debe considerarse que Bolívar fue el gran elemento unificador, el gran catalizador de la unidad revolucionaria en Venezuela. Por esta razón, ahora estamos viendo una avalancha de artículos, que aparecieron sobre todo en España, para atacar su figura: por destruir el elemento de unidad, que Bolívar siempre ha representado. Chávez tuvo la inteligencia, la audacia, la visión estratégica, para redimir el valor de la figura de Bolívar y colocarlo en la dimensión correcta del presente, obteniendo esa unidad nacional que hasta hoy ha sido indivisible y que es la fuerza de una revolución que se define a sí misma como bolivariana. Después de ser derrotado en varias ocasiones, el imperialismo ahora está tratando de atacar a la figura de Bolívar. El otro gran elemento de fuerza y novedad de la revolución bolivariana, y que no ha sido muy comprensible para la izquierda en Europa y también para la latinoamericana, es la unión cívico-militar. La fuerte represión de la guerrilla y los movimientos populares, en la IV República, generó contradicciones en las Fuerzas Armadas. Chávez pudo explotarlos para desarrollar una estrategia para la toma del poder que, en ese momento histórico favorable, fue más allá de las aspiraciones puramente reivendicativas de cierta izquierda en ese momento. Mostró que se podía tomar otro camino, y que se podía ganar, y que este camino era el socialismo. Es sobre estos sólidos elementos, en este camino histórico de lucha popular y visión estratégica que se han forjado los líderes del proceso bolivariano que todavía estamos llevando a cabo. Al ser un proyecto estratégico, no permite retroceder, por lo que estamos tan atrapados con la idea de que podemos ganar contra todos los ataques que se nos presentan por haber tomado el camino del socialismo.

El principal esfuerzo declarado en esta fase es construir una economía productiva. Dada su experiencia en el campo de la soberanía alimentaria, ¿cómo ve este pasaje y qué teorías lo guían?

Venezuela tiene una historia de 100 años de economía rentista basada en el petróleo. Somos un país cuya riqueza no ha sido predominantemente producto del trabajo, sino del petróleo, que no se produce. El socialismo científico es, sin duda, la teoría económica que más resuena en Venezuela porque explica los mecanismos de producción y apropiación de riqueza a partir del trabajo. Nuestro principal desafío hoy es aplicar el socialismo científico al nivel económico-productivo. Específicamente, podemos recurrir a los estudios de Alí Rodríguez Araque, quien reflexionó mucho sobre la posibilidad de construir el socialismo en un país que ha vivido de los ingresos del petróleo y que ha producido una cierta cultura relacionada. Según la idea de Chávez, la propiedad socialista de los medios de producción puede coexistir con otras formas de propiedad, pero el hecho es que la idea del socialismo, a pesar de haber sido tan demonizada después de la caída de la Unión Soviética, ahora se da a entender en la sociedad venezolana. Este es un gran logro de la revolución bolivariana. Tuvimos que poner en práctica el socialismo de esta manera y no a través de la dictadura del proletariado, pero debemos recordar las palabras de Chávez cuando dijo: “No somos una revolución democrática, sino una democracia revolucionaria”. Por esta razón, cuando Chávez gana las elecciones, las bases políticas de este nuevo modelo económico que apunta a construir el socialismo, las bases establecidas por la Constitución Bolivariana, se colocan en primer lugar. Ahora estamos en medio de este proceso y en medio de un ataque sin precedentes contra nuestra revolución. Si bien nuestro modelo no es perfecto y no se basa en la dictadura del proletariado, su fuerza radica en el poder popular, en el “poder creativo del pueblo”, como establece nuestra Constitución y que, como explicó el presidente Nicolás Maduro, permitirá para construir la economía socialista.

Uno de los elementos más utilizados en la propaganda de guerra contra Venezuela es la inflación y los precios fuera de control. Tener que desactivar los ataques de una burguesía que no ha sido ilegalizada, ¿no corre el riesgo de reducir al mínimo el camino hacia el socialismo?

Durante muchos años, en Venezuela, la fuerte perturbación económica ha sido determinada por un factor externo muy predominante. Si quisiéramos cuantificar la influencia de factores internos y externos que actúan a través de diferentes sabotajes en el funcionamiento de nuestra economía, deberíamos decir que las influencias externas son indudablemente de gran importancia, y que la situación interna tiene que ver con la característica de la burguesía nacional venezolana. En cada parte del mundo, la burguesía hace su trabajo: acumula capital a través del mecanismo bien explicado por Marx, apropiándose del trabajo humano y transformándolo en capital. En Venezuela, por otro lado, la burguesía, desde la década de 1950 hasta el presente, se ha configurado sobre la base de los ingresos del petróleo, en la histórica batalla por la apropiación de los ingresos del petróleo. Un proceso que Chávez explicó en muchas de sus intervenciones. Y esta es la primera batalla que hemos tenido que enfrentar: cómo garantizar que el pueblo pueda apropiarse adecuadamente de la renta del petróleo a través de un modelo político adecuado. Una batalla que ha afectado a grandes intereses y que por este motivo ha encontrado mucha resistencia. Nos enfrentamos a una burguesía parasitaria que ni siquiera se dedica a la explotación laboral, sino solo a capturar esta enorme riqueza. Un mecanismo analizado por muchos libros importantes. Cuando Chávez llega al poder, primero procede a una redistribución justa de la renta del petróleo, y por esta razón le organizan el golpe de estado de 2002. El proceso bolivariano choca con una burguesía parasitaria que ha vivido de la renta del petróleo y con su expresión en el extranjero, en Europa y América Latina, donde se encuentran los principales centros de ataque a la Revolución Bolivariana y que son producto de los intereses de clase. La única forma de construir una nueva economía es fortalecer el poder popular. La comuna, por ejemplo, es un proyecto estratégico nacional no solo en lo que respecta al modelo político, sino también como modelo económico: porque una comunidad es necesariamente productiva.

¿Qué se puede esperar del I Congreso Internacional de las Comunas?

Es un proyecto económico estratégico pero tangible. Ya hemos demostrado que se puede hacer. En Venezuela hay más de 3.000 comunas productivas, algunas ya muy desarrolladas. Una de las más exitosas es la de El Maizal, una comuna agrícola en la que lograron controlar todo el proceso de producción, distribución y consumo mediante la creación de un nuevo modelo de riqueza basado en la distribución justa, en el que existe una moneda alternativa. Ayer acompañamos a un grupo de visitantes del proyecto Pueblo a pueblo, quienes recibieron un premio en los Estados Unidos porque son agricultores que se relacionan directamente con la ciudad, evitan el mercado de cosas inútiles que nos llevan a consumir y saltan la cadena de intermediarios que aumentan los precios. El camino de la revolución es fortalecer a la comuna, con su innovador proceso de producción y consumo, vinculándola a una redistribución justa de los ingresos a nivel nacional.

¿Es cierto que de la Asamblea Nacional Constituyente vendrá la propuesta de dos cámaras, una de las cuales sería el parlamento comunal?

En 2007 perdimos el referéndum constitucional por muy poco sobre una propuesta que contenía grandes avances en asuntos comunales y en la definición del socialismo, ahora la Asamblea Nacional Constituyente tiene el poder de reanudar y debatir esos contenidos, y por esta razón es tan aterradora para la burguesía.

De los países de la Unión Europea vienen fuertes ataques a nivel político, diplomático y económico, los grandes bancos europeos bloquean el oro de Venezuela … ¿Cómo actúa el gobierno bolivariano?

Siempre debemos considerar que el conflicto internacional no es entre países, sino que es un conflicto de clases, un choque de intereses. Nos enfrentamos con una clase dominante que lleva un modelo que es antagónico al nuestro, somos conscientes de ello y no le tenemos miedo. Con Europa, la relación es difícil porque, a pesar de sus contradicciones internas y con el imperialismo estadounidense, representa una clase que no se siente identificada con la Revolución Bolivariana, y no se ve por qué debería hacerlo. Sin embargo, incluso en este contexto, creemos que está cometiendo un gran error al ceder ante la presión estadounidense y al oponerse al gobierno del presidente Maduro a expensas de sus propios intereses. Una actitud que traerá más daño que bien. Mientras tanto, como hay alrededor de un millón de europeos viviendo en Venezuela, hay grandes inversiones europeas que podrían coexistir perfectamente con la Revolución Bolivariana y que no se han visto obstaculizadas, tanto que ninguna gran multinacional europea se ha ido. Sin embargo, incluso si es muy débil, todavía hay un espacio para la interacción, y el escenario internacional no es estático.

¿Cuál es su lectura del escenario internacional?

Incluso si la política de la Unión Europea es cada día más similar a la de los Estados Unidos, hay fuertes conflictos dentro de ellos, comenzando con la cuestión arancelaria, que conducen a un choque en el polo imperialista. Un choque inevitable debido a la crisis económica, la llegada de la recesión, la cuestión del brexit. Estados Unidos parece querer imponer aranceles a la Unión Europea para alentar el brexit y concluir un acuerdo de libre comercio con Gran Bretaña. Un escenario en pleno desarrollo que promete ser interesante … Pero más allá de los problemas internos del polo imperialista, insisto en que Europa ha cometido un error histórico al asumir la posición de injerencia neocolonial en el caso venezolano: primero porque la revolución bolivariana está triunfando y triunfará, este es un hecho histórico que no se puede cambiar, y luego porque Europa está perdiendo grandes oportunidades. Queremos mantener buenas relaciones con esta Europa. Vamos a ver qué decisiones toma. Cada día su política interna se vuelve más complicada, esperamos que pueda salir de la trampa de tomar como propia la política impuesta por los Estados Unidos que le impide tener una posición independiente con respecto a América Latina, y específicamente hacia Venezuela. De lo contrario, su actitud se convertirá en un boomerang. Estamos dirigiendo nuestras relaciones económicas hacia otros polos importantes, como Rusia, China, Turquía, que son compradores de crudo, representan una fuerza económica y tecnológica importante y no tienen la visión imperialista de la Unión Europea.

¿Pero no es Turquía un aliado para manejar con precaución?

Pero es un aliado de la Revolución Bolivariana y seguirá siéndolo: porque nuestra política es promover relaciones pacíficas y negociadas entre todos los actores que actúan en el escenario de Medio Oriente, trabajando para resolver sus conflictos a través del diálogo, incluso en la compleja situación del Oriente Medio. Curiosamente, se destaca una reciente declaración de Trump: dijo que la presencia de Estados Unidos en el Medio Oriente ha creado un caos, lo cual es cierto. Ciertamente, en el caso de las relaciones entre Turquía y Siria, la salida de los Estados Unidos favorecería una reorganización del contexto y la posibilidad de que los ciudadanos de esos países resuelvan los conflictos dialogando, a partir de las causas que generaron esta situación, del caos producido por la guerra en Iraq, siendo la del caos una estrategia buscada por los Estados Unidos. Pero volvamos a nosotros: si migramos a otros polos que no sean Europa, ¿quién pierde? Ciertamente, no podemos permitir que nuestra economía se asfixie, debemos buscar aliados en otros lugares y Europa perderá una posición importante en América Latina. En cambio, hasta ahora se ha perdido las reuniones, abandonó todos los acuerdos que pudo haber concluido, confiscó activos, etc. Una locura que, después de todo, le costará más a Europa que a Venezuela.

¿Y con respecto a Italia? Los italianos que hicieron su fortuna en Venezuela tienen un gran peso en las políticas sancionatorias contra el gobierno bolivariano.

La inmigración europea ha aportado mucho a nuestro desarrollo nacional, especialmente el italiano que se ha mezclado más con el pueblo venezolano. Aquí también, sin embargo, hay intereses de clase que determinan las alianzas políticas. Esa inmigración, que ha desarrollado su aparato económico basado en reglas que existían antes y que se refieren a la apropiación de los ingresos del petróleo, defiende ese modelo porque defiende sus propios intereses de clase: es un hecho, no podemos negarlo, pero sirve para enmarcar porque gran parte de la inmigración italiana y europea está vinculada a la derecha. En cambio, otra parte se ha adaptado al nuevo modelo, que sigue siendo una fuente de riqueza y que solo requiere respeto por las leyes y una redistribución justa de la riqueza. Estamos en una fase de transición y es lógico que esta clase defienda sus intereses, pero la Revolución Bolivariana no tiene un conflicto frontal con el sector económico privado, por el contrario. Los números hablan por sí mismos: el mayor crecimiento en el sector privado en toda la historia de Venezuela ocurrió entre 2004 y 2012.

La fuga de capitales también ha alcanzado niveles estratosféricos. ¿Cómo se resuelve?

Ciertamente es un debate que hacer. Pero, mientras tanto, es necesario que la inmigración europea signifique que, incluso desde el punto de vista de la empresa privada y el derecho, las condiciones en términos de libertad comercial y posibilidades de crecimiento del mercado son mucho más ventajosas que aquellas existentes en sus países de origen. Somos víctimas de una poderosa campaña mediática, pero los verdaderos empresarios saben que la realidad pintada es falsa. Ciertamente, tenemos problemas, pero estamos igualmente seguros de que las cooperativas, las empresas familiares, las pequeñas empresas, podrían funcionar muy bien en Venezuela, y los invitamos constantemente a venir.

¿Qué sectores de la economía venezolana pueden ser atractivos para Italia?

Ciertamente, el sector alimentario, una inmensa área de mercado en la que Venezuela necesita inversión porque hay un gran potencial de crecimiento. Y luego el campo de la construcción. Este año habremos construido y entregado 3 millones de viviendas amuebladas. Son obra de pequeños constructores, cooperativas y dinamizan la economía que sirve para brindar beneficios al pueblo. Y ahí está el sector turístico. Obviamente, existe el sector petrolero con su entorno. Con nosotros existe un potencial de inversión para las pequeñas empresas sin igual en América Latina. Lo único que pedimos es respetar un modelo de justicia e inclusión social que también beneficie a estas pequeñas empresas. Italia tiene una enorme experiencia en el campo de las pequeñas y medianas empresas, y ciertamente podríamos, pero respetando nuestro modelo de sociedad, obtener un beneficio mutuo.

Desde el último congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela y luego desde las reuniones que surgieron del Foro de Sao Paulo, se está desarrollando una propuesta para un nuevo internacionalismo dirigido a los movimientos populares. ¿Cuál es la idea con respecto a Europa?

Estamos trabajando para conectar los movimientos de solidaridad, pero a partir del hecho de que en Venezuela está en marcha una lucha de clases que requiere solidaridad de clase. Lo hemos dicho en todos los debates con los movimientos europeos: lo que pedimos no es la defensa de un gobierno, sino una posición clara en el choque histórico entre dos modelos en los que estamos claramente posicionado en un campo opuesto a lo del capitalismo. Se necesitan cambios estructurales en los países capitalistas y movilizaciones que requieren unidad, proyecto y perspectiva, y que buscamos promover a pesar de la complejidad y fragmentación que existe en los movimientos populares en Europa. Al observar los resultados obtenidos en la campaña para defender Palestina, Cuba, creo que podemos tener éxito en el desarrollo del Foro de Sao Paulo. Hoy, las políticas de derecha traen un ataque tan evidente, casi una guerra sin cuartel para los pobres y las condiciones de vida de los sectores populares, que incluso en Europa hay signos de reactivación por parte de los movimientos. Debemos dejar en claro que, a pesar de los errores que indudablemente necesitamos corregir, somos la alternativa concreta al modelo capitalista depredador. Veamos qué está sucediendo en otras partes de América Latina donde el modelo capitalista ha vuelto a la rabia. Este mensaje debe llegar a Europa con gran fuerza, socavar el poder de los medios para producir movilizaciones. Estamos convencidos de que Venezuela es un gran estímulo hacia la unidad de los movimientos populares, tanto en América Latina como en Europa. Aunque sabemos que no podemos competir con un monstruo mediático que está dando forma a la opinión pública en Europa para su beneficio, debemos tratar de construir un centro de producción de noticias independiente que narre la lucha de los pueblos contra el capitalismo.

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