Papel y Tinta

Entrevista con Julio Chávez Meléndez: “Venezuela tendrá un papel crucial en la reconstrucción del continente”

Daniela Arévalo
Escrito por Daniela Arévalo

Por Geraldina Colotti

Al observar la larga militancia de figuras como la de Julio Rafael Chávez Meléndez, uno puede darse cuenta de lo complejo que es para el imperialismo eliminar el socialismo bolivariano de la sociedad venezolana. Nacido en 1966, miembro de la dirección nacional del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Julio es uno de los cuadros más completos de la revolución, aceptado tanto en las calles como en los órganos de gobierno, atento, inclusivo y creativo.

Dirigente estudiantil y universitario en los años de la IV República. En los gobiernos de Chávez y luego de Nicolás Maduro, desempeñó cargos de elección popular, siempre llevando a cabo experiencias de poder popular como el de la Asamblea Municipal Constituyente, entre 2004 y 2008 fue alcalde de Carora en el estado Lara, su región de origen. En el mismo espíritu, continuó como miembro del Parlamento y luego en la Asamblea Nacional Constituyente, donde dirige la comisión dedicada a las Comunas.

-¿Qué tan importante fue para usted el movimiento cívico-militar dirigido por Hugo Chávez, qué recuerdos tiene del Comandante?

Nosotros, los estudiantes que participamos directamente en las protestas de aquellos años, en que la rebelión popular conocida como el Carachazo, en febrero de 1989, contra el segundo gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, se conectó con la rebelión cívico-militar del 4F de Chávez; confluimos en la unidad de las ideas más que en un signo partidista. Como civiles tuvimos contacto con los oficiales del MBR200 que realizaron la rebelión cívico-militar de 4 de febrero de 1992.

Nuestros partidos de referencia eran Causa R y Patria Para Todos, donde estaban Alí Rodríguez Araque, Aristóbulo Isturiz y otros importantes referentes, no obstante compartíamos los mismos ideales de libertad, justicia social, soberanía nacional, lucha contra la corrupción y por los derechos de los trabajadores, expresados en el Libro Azul. Después de la derrota del 4 de febrero y antes de la rebelión cívico-militar del 27 de noviembre del mismo año, como dirigente estudiantil de la Universidad Experimental Politécnica Barquisimeto, tuve la tarea de visitar a los oficiales detenidos en la prisión de Yare y mantenerme en contacto con los que quedaron en puestos de mando de los principales batallones del occidente del país. Aunque todas las garantías constitucionales habían sido suspendidas, mantuvimos reuniones clandestinas con los líderes populares de la región, y logramos organizar la primera asamblea nacional del movimiento bolivariano en el auditorio universitario, en la que participaron delegados de 17 estados del país. Cuando Chávez fue liberado de la prisión, durante la primera visita a mi ciudad natal, lo recibimos clandestinamente en la casa de un conocido médico y líder comunista, el Dr. Luis Rojas. En 2004, la coalición con la que me presenté como aspirante a la alcaldía de Carora, estaba integrada por PCV, PPT, MEP, Abre Brecha y otros, derrotamos al candidato del MVR su partido, por lo cual se evidencia que dicha relación obedecía más a elementos de carácter ideológico que partidista. Uno de los mejores recuerdos fue cuando Chávez respondió a mi carta para juramentar a los constituyentes municipales, enviando como su representante al gobernador del Estado. En representación de todos los Alcaldes del país, fuí llamado por el mismísimo Presidente Chávez para formar parte del primer consejo presidencial del poder comunal que a su vez redactó la primera ley de los Consejos Comunales de la República Bolivariana de Venezuela.

Luego de la transición de pequeños partidos -electoralmente hablando- al gran partido de la revolución que soñó el Comandante Chávez, respondiendo a su llamado fuimos los primeros en nuestro estado en inscribirnos en el PSUV. Tengo muchos recuerdos imborrables de Chávez, de su naturaleza visionaria y de su profunda humanidad, capaz de plantar firmemente la bandera del socialismo, pero también de unir, de reconocer el trabajo político de los cuadros como lo hizo conmigo, con palabras motivadoras. Sus consejos y reflexiones, en primer lugar la invitación a no abandonar los principios revolucionarios y la ética que me acompañan.

-¿Por qué coyuntura pasa el proceso bolivariano?

En estos primeros 20 años, hemos pasado por varias etapas: la refundación en los primeros años, con la aprobación de la primera Constitución de la Quinta República, luego un proceso de discusión extensa sobre la agudización de las contradicciones del proceso. Ahora estamos en un momento más complejo que debe llevarnos a profundizar el proceso revolucionario bolivariano, entendiendo que estamos en la víspera de la transición entre un sistema hegemónico unipolar decadente, liderado por EE. UU. y Europa, y el surgimiento de un mundo multicéntrico y multipolar, en el que la revolución se ubica junto con China, Rusia, Irán… En este contexto, la forma en que venceremos la agresión multifacética del imperialismo que intenta borrarnos del mapa y el modo cómo venceremos la pandemia de Covid-19 junto a los que están construyendo esta nueva multipolaridad, será algo decisivo. Lo que sucederá en Venezuela en el futuro cercano afectará el destino de la región y también de la humanidad.

-Las elecciones del 6 de diciembre se están organizando en medio de la pandemia. ¿Cuál es la situación del PSUV internamente y con respecto a los partidos aliados del Gran Polo Patriótico?

Nuestro partido, además de una formidable maquinaria electoral, es portador de un proyecto estratégico de transformación de la sociedad. Gracias a nuestras estructuras territoriales, podemos acercarnos al pueblo, entender los problemas y dar las soluciones requeridas. Según nuestros cálculos, que no permiten triunfalismo ni subestimación, llegamos a más del 60% del patrón electoral.

Mientras la oposición está dividida, nuestro partido está unido y cohesionado, en armonía con los hermanos del Gran Polo Patriótico. Por supuesto, sabemos que nuestros enemigos son poderosos y que el imperialismo aportará mucho dinero a la campaña de la derecha. Sin embargo, estamos convencidos de que a nuestra victoria también se unirá un cambio en la correlación de fuerzas en la región y que presenciaremos un renacimiento de los pueblos que evitará la recolonización de América Latina y el Caribe.

-¿Qué estrategias está implementando el gobierno bolivariano para enfrentar el Covid-19 y la post-pandemia?

Sin duda, el Covid-19 marcará profundamente a Venezuela y al resto de la región, enfrentándonos con la necesidad de cambios profundos, también desde un punto de vista relacional, en el uso de nuevas tecnologías en el sector educativo, de la información y las telecomunicaciones, al repensar todo este proceso de ralentizar la vida cotidiana. Vamos a enfrentar una profunda recesión mundial en un sistema capitalista que hará más grande la creciente brecha entre los más ricos y los más pobres. Aumentará el peso de la deuda externa en la economía, los intereses de los trabajadores y trabajadoras se verán seriamente afectados. Ante esto, Venezuela está fortaleciendo las políticas de inclusión, con especial atención a la salud, confiando en la plataforma del Sistema Patria, lo que permite una gran investigación de la población, sus necesidades y las respuestas más adecuadas para enfrentar este terrible virus y bajar la curva de contagio.

La decisión del presidente Maduro para una cuarentena social radical y voluntaria ha permitido aislar ciudades enteras, hemos promovido el distanciamiento social a través de campañas de concienciación. Estamos planteando la necesidad de cambiar los modos y costumbres con respecto a las reglas de prevención, la higiene y exigir el uso obligatorio de mascarillas. La pandemia hizo que la humanidad reflexionara sobre el peligro del capitalismo para los humanos y la Pachamama, pero ¿qué viene después? En primer lugar, desde el punto de vista sociopolítico es necesario reconocer el fracaso de los gobiernos que siguen políticas neoliberales, como Chile, Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Bolivia, etc., que prefieren el aumento de riqueza para unos pocos y no la vida de las personas. Ante la superioridad mostrada por el sistema cubano o venezolano que se mueven con otros objetivos, se debe construir un amplio frente de lucha para desplazar del poder por la vía electoral a estos gobiernos neoliberales y serviles. Para nosotros, se trata de enfrentar al capitalismo desde la fuente inagotable de inspiración que es el socialismo bolivariano, retomar la idea original de Chávez y reiniciar los procesos de integración económica de la región basados no en la competencia sino en la complementariedad y la solidaridad. Y aquí, los partidos y los movimientos sociales juegan un gran papel, porque deben canalizar la rebelión popular volcánica que vemos, por ejemplo, en Chile, Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia sobre la base de una plataforma unitaria de lucha por un nuevo modelo de producción en la nueva normalidad.

-¿Qué consecuencias pueden tener los ataques de Estados Unidos y Europa?

Desde que el pueblo eligió a Hugo Chávez como presidente en 1998, nuestros enemigos históricos se convencieron de que no podían «domesticarlo» o comprarlo y que tenían que buscar otras formas. El punto de inflexión llegó en el  2000, cuando Bill Clinton y Andrés Pastrana firmaron el Plan Colombia con el pretexto de combatir el narcotráfico y el terrorismo. De hecho, el objetivo era utilizar al gobierno servil de Colombia para crear una infraestructura y atacar nuestro territorio de diferentes modos, aprovechando la proximidad geográfica.

Ataques permanentes contra la soberanía y la economía que han tenido un impacto negativo en el alto índice de desarrollo humano alcanzado, en el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras. Sabemos que no se detendrán porque Venezuela tiene  inmensos recursos energéticos, recursos naturales, minerales estratégicos que son tentadores y que nos convierten en un objetivo muy apetecible para sus intereses. Además, probar que sí se puede construir un sistema alternativo es, como Elliott Abrams repitió recientemente en el Senado, un mal ejemplo que debe ser destruido. El imperialismo quiere volver a colonizar América Latina y el Caribe para someterlos nuevamente a la doctrina Monroe, al servicio de los intereses de las grandes multinacionales, sus burocracias y el estado profundo que guía la política de los Estados Unidos de Norteamérica. Siempre inventarán nuevas agresiones, pero el tiempo ha demostrado que esto sólo aumenta nuestra capacidad de resiliencia y ha elevado la conciencia del pueblo y ahora nos acompañan, con sus inmensos recursos,| economías emergentes como China, Rusia e Irán, que se sienten igualmente atacadas.

Una alianza emergente fortalece un nuevo poder financiero cuyo centro de gravedad se mueve del Atlántico al Pacífico. Venezuela, con sus grandes recursos, ayudará a inclinar la balanza en este sentido. Por esta razón, el año pasado, junto con Cuba, organizamos las reuniones mundiales seguidas al Foro de Sao Paulo. Hemos convocado, en el continente y más allá, la primera Internacional Antimperilista del siglo XXI para el año 2021 bicentenario de la Batalla de Carabobo que selló la independencia de Venezuela  del otrora imperio español a las fuerzas de izquierda, los movimientos sociales para acordar un programa de lucha común que nos permita construir un bloque revolucionario basado en la diplomacia de paz, la complementariedad y la solidaridad de los pueblos.

Una plataforma de lucha que logre cambiar la correlación de fuerzas en el continente a favor de los procesos de liberación nacional desplazando del poder a gobiernos neoliberales por la vía electoral, fortaleciendo y compartiendo las políticas sociales de inclusión con estados fuertes, impulsando un nuevo modelo económico de producción sobre la base de la verdadera integración y entre tantas tareas, rescatar el espíritu anfictiónico del Congreso de Panamá convocado por el padre Bolívar en 1826 para defender a América Latina de futuras agresiones multiformes, bloqueos económicos e intentos de incursiones militares por parte de EEUU, la UE y cualquier otra nación que invoque doctrinas supremacistas e injerencistas. Un proyecto que se reanudará con más fuerza en ésta etapa post pandemia.