Por: Daniela Rodríguez
La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia, no fue simplemente la caída de un operador político acusado de intento de femicidio. Fue la fisura que dejó al descubierto los hilos de una trama continental dedicada a la ingeniería de la percepción. En esta era, la desinformación se ha convertido en parte de la campaña política y los algoritmos en el nuevo campo de batalla, el caso del consultor argentino revela cómo una red transnacional de bots, trolls y medios digitales coordinados está influyendo en la visión de la realidad política.
La guerra cognitiva que ejecutan las nuevas derechas latinoamericanas no busca convencer, sino saturar, confundir y silenciar. Cerimedo lo explicó: su objetivo no era ganar debates, sino “mentirle al algoritmo”. Esa confesión resume la esencia moderna de la fabricación de opinión pública: crear una falsa sensación de consenso mediante miles de cuentas artificiales que amplifican mentiras, hostigan a disidentes y fabrican tendencias. Una de las tantas consecuencias, es la reinstalación de la espiral del silencio: el ciudadano que disiente percibe que su voz es minoritaria y se calla, por miedo al linchamiento digital o al aislamiento social.
El patrón es idéntico en todos los países: crear un ecosistema mediático afín, inundar las redes con perfiles falsos que atacan a uno defienden al otro, y forzar la agenda pública mediante la amplificación artificial. El caso de la falsa noticia sobre el alzhéimer de Evelyn Matthei en Chile es un ejemplo de manual: una mentira, impulsada por miles de cuentas coordinadas, que logró instalarse en el debate público.
Su trayectoria también incluye vínculos con el entorno del presidente boliviano Rodrigo Paz, la campaña de Javier Milei en Argentina y el espacio político de Jair Bolsonaro en Brasil… La pregunta que recorre el continente es si la sociedad podrá sobrevivir a un enemigo que no busca ganar elecciones, sino destruir la posibilidad misma de un consenso basado en hechos.
Nos queda una certeza: la mentira organizada es el nuevo fascismo. Y como todo fascismo, sólo se derrota con la verdad, organización popular, y la convicción de que otro mundo es posible.








