Por: Nicolás Ernesto Maduro Guerra.- La frase titular de este artículo, pronunciada por el Papa León en su reciente visita a Francia, es un excelente punto de partida para enmarcar nuestro comentario sobre el actual debate sobre la Ley Constitucional contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia.
La frase del Sumo Pontífice viene al caso porque el éxito de este debate dependerá de si somos capaces de alcanzar “una verdadera conversión del corazón”y para ello todos debemos hacernos un examen de consciencia para determinar con sinceridad dónde y por qué se cometieron excesos. Es crucial evaluar este tema trascendiendo los cálculos políticos, las simulaciones de consenso y las falsedades de la posverdad. Pero, sobre todo, es vital adoptar como objetivo común y prioritario la RECONCILIACIÓN y la ARMONÍA en un espíritu nacional que es el de todos los venezolanos.
En el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO, que se escribió en 1945 tras la II Guerra Mundial, hay otra frase orientadora: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. La mente y el corazón hacen al hombre y han sido blanco constante de manipulaciones que han engendrado terribles tragedias. Esto es algo que debemos recordar y en lo que necesitamos trabajar unidos si deseamos que este debate sea HONESTO, SÓLIDO Y EFICAZ.
El discurso del odio no es algo que inventó el chavismo y la Ley contra el Odio no es un instrumento que se sacó de la manga el presidente Nicolás Maduro Moros, cuando la promulgó el 8 de noviembre de 2017.
Recordemos que este instrumento legislativo está enmarcado en la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) también convocada por el presidente Maduro el 1 de mayo de ese mismo año.
Estos fueron los recursos legales y legítimos a los que apeló el Estado venezolano para frenar en seco una ola de violencia fratricida en Venezuela, detonada por un bombardeo de manipulaciones perversas que golpearon duramente la mente y el corazón de una parte del pueblo venezolano.
Hay una memoria histórica inevitable que, por tanto, debe orientar el diálogo; unos hechos que tampoco los inventó el chavismo. El golpe de 2002dirigido y financiado por los medios de comunicación para derrocar y asesinar al presidente Chávez, quien había llegado a la presidencia con un respaldo aplastantemente mayoritario del pueblo venezolano; los motorizados, padres de familia de la clase trabajadoras, que fueron decapitados con guayas en las guarimbas de 2014 después de igualmente la Revolución Bolivariana haber cosechado grandes victorias en el año 2013; losbloqueos de las salidas de urbanizaciones y barrios por parte de personas intoxicadas con campañas de odio, que también ocasionaron muertes entre los residentes que no pudieron recibir la atención medica que requerían en ese momento.
El 20 de mayo de 2017, diecinueve días después de la convocatoria a la ANC, un venezolano afrodescendiente y de clase trabajadora, llamado Orlando Figuera, fue apuñaleado y quemado vivo por grupos violentos opositores al gobierno Bolivariano por “parecer chavista”, el es el ejemplo mas emblematico de cientos de casos de hombres y mujeres que por “parecer” ó ser chavistas fueron, son y han sido discriminados por el discurso de odio. El 08 de noviembre de ese mismo año se promulga la Ley contra el Odio.
Seamos honestos: la ANC 2017 y la Ley contra el Odio lograron desactivar la ola de violencia fratricida de 2017. La Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, de febrero de este año, es otra iniciativa del Gobierno Bolivariano que sigue esa misma línea de coherencia política y que pone por delante la necesidad de cerrar ciclos de confrontación y sanar heridas.
Todos estos han sido instrumentos legislativos coherentes, oportunos y efectivos que ahora, en un nuevo contexto nacional, deben ser revisados y ajustados a los nuevos desafíos. Avanzar hacia una RECONCILIACIÓN genuina entre los venezolanosno se logrará con discursos, con falsos debates, ni con falsos consensos sino mediante una “conversión de nuestros corazones” como dijo el papa Leon XIV y “erigiendo los baluartes de la paz” en las mentes de los hombres y las mujeres como dice también la UNESCO.
En este sentido, sería útil revisar iniciativas como la del Plan de Acción de Rabat, aprobado por expertos de la ONU en 2012, para ayudar a decidir si un discurso debe ser prohibido o sancionado. Este plan evalúa el trasfondo sociopolítico del mensaje(contexto); el puesto o posición social de quien emite el discurso; dónde figura la intención real de incitar al odio; así como forma, contenido, extensión y difusión del mensaje. Y, por último, si existía un riesgo real e inminente de que el discurso causara acciones violentas o de odio.
No hay recetas únicas, pero tampoco se deben tomar atajos ni abordar tan importante debate sin responsabilidad y sin método. Y, sobre todo, iniciar el debate con consciencia de que no avanzaremos sin antes lograr la conversión de nuestra mente y nuestro corazón en función de una reconciliación genuina.








