Tras los devastadores eventos ocurridos el pasado 24 de junio, la respuesta del pueblo venezolano ha trascendido fronteras, convirtiéndose en el pilar fundamental que acompaña las labores de búsqueda y rescate.
Brigadistas internacionales, presentes en las zonas más afectadas, han expresado su asombro ante la capacidad de organización y la solidaridad humanitaria demostrada por los ciudadanos en medio de la crisis.
El jefe de la Misión de Rescates de Perú, Claudio Sáenz, quien ha participado en escenarios de desastre de gran magnitud como los terremotos de Pisco (Perú) y Manta (Ecuador), calificó el nivel de destrucción actual como uno de los más severos que ha presenciado. Sin embargo, destacó que, por encima del caos, lo que prevalece es la unión.
«En desgracias como estas, la solidaridad humana siempre sale adelante. Es fundamental unir esfuerzos, sin importar nacionalidades ni distinciones, con el único objetivo de salvar vidas», señaló Sáenz, reconociendo el espíritu de colaboración que los rescatistas han encontrado en el terreno.
Por su parte, el sargento del Ejército mexicano, Daniel Bernal, agradeció el apoyo logístico brindado por el Estado venezolano y la ciudadanía. Bernal destacó que la delegación azteca ha recibido suministros constantes, incluyendo víveres y agua, además de un valioso apoyo humano por parte del personal local, quienes colaboran activamente en las labores de levantamiento de escombros y búsqueda de sobrevivientes.
En medio del dolor, el testimonio de los sobrevivientes refleja una fortaleza inquebrantable. Yoleidys Mayora, una de las afectadas por la tragedia, compartió un mensaje de esperanza a pesar de la adversidad.
«Cuando llega la ayuda, sentimos que no estamos solos. A pesar de la tristeza profunda que sentimos hoy, el venezolano mantiene su capacidad de lucha. Vamos a salir adelante», afirmó Mayora, resaltando la esencia resiliente que define al país.
La labor de los equipos internacionales junto al voluntariado nacional continúa intensificándose. Esta sinergia entre rescatistas de distintas naciones y la comunidad local no solo ha optimizado las operaciones de salvamento, sino que ha reforzado un mensaje de fraternidad global, demostrando que, frente a las catástrofes, la unidad y la solidaridad son las herramientas más poderosas para reconstruir la esperanza.










