Cuando la República Bolivariana de Venezuela decidió soberanamente mantenerse en el carril de la diplomacia, a pesar de lo complejo de la situación, después de la agresión militar del 3 de enero y sus consecuencias; no fueron pocas las dudas, preguntas, e incluso incomprensibles reclamos por parte de sectores cuyo aturdimiento por el suceso mismo les impedía ver la realidad política que transitaba nuestro país.
Fue la Delcy Rodríguez, la misma que llegó a Nueva York con Mafalda dibujada en su espalda, con una bufanda roja al estilo del expresidente Hugo Chávez, y con un pin del mapa completo de nuestro país incluyendo a la Guayana Esequiba; quién se dirigió al país desde la Asamblea Nacional, llevando el mensaje que debía dar el Presidente Nicolás Maduro y que es parte de las responsabilidades constitucionales que tiene que cumplir anualmente el Jefe de Estado y de Gobierno en nuestro país.
Con claridad absoluta dio dos mensajes al país en momentos cuando la tensión pos tres de enero, estaba al rojo vivo: por un lado despachó a quienes pretendían presionarla con agresiones de discurso o escrito, que no era ella en todo caso la amenazada, sino que estábamos ante un desafío que implicaba a toda la Nación venezolana. Por el otro, manifestó que si en algún momento tenía que ir a Washington lo iba a hacer de pie, no de rodillas, defendiendo los intereses nacionales de la República Bolivariana de Venezuela, sin más ni más.
Ese doble concepto sin duda alguna fue clave para transitar con determinación nacional el camino de la diplomacia, que en el caso venezolano tiene de suyo el ejercicio político de un país pacífico que no es amenaza para nadie, y que en todo caso conoce muy bien su papel específico en el actual escenario internacional como parte ineludible de la ecuación energética mundial; al tiempo de poseer el bien exclusivo de la doctrina de Simón Bolívar como uno de los elementos más preciados, que incluso cimenta la Constitución Nacional.
De allí en más, el ejercicio propio de liderazgo de la Delcy Rodríguez, se ha encargado de desarrollar una agenda diplomática profunda para procurar dirimir pacíficamente la contradicción histórica con los Estados Unidos, que es uno de los elementos centrales para desescalar cualquier tipo de tensión y sacar a Venezuela del escenario de la guerra, así como procurar la reinserción definitiva de nuestro país con plenas libertades en el escenario mundial, es decir sin todas esas restricciones de las medidas coercitivas unilaterales que son, sin dudar, una camisa de fuerza que de manera clara constituye un dispositivo de tortura muy efectivo para el cuerpo social y económico de cualquier Estado a quien se le aplique.
Ese trabajo dedicado, con empeño, en medio de mil dificultades, tensiones, complicaciones, provocaciones y hasta posturas irresponsables de factores otrora aliados de la Revolución Bolivariana ha venido, de manera recurrente, dando frutos no solo en acuerdos de diverso tipo; sobre todo haciendo énfasis en materia de servicios y en materia petrolífera y de gas, si no en un ejercicio político de desescalamiento de la relación con los Estados Unidos y con los países de Europa, así como de reposicionamiento paulatino de nuestro país en la arquitectura financiera internacional.
Todo este previo es necesario de afirmar, ya que la presencia de la República Bolivariana de Venezuela y de la presidenta Delcy Rodríguez en el escenario mundial asociado a la 81° Asamblea General de Naciones Unidas, da cuenta de lo efectivo, en positivo, que ha resultado la Diplomacia Bolivariana de Paz como mecanismo para avanzar en un proceso que nos garantice estabilidad, independencia, soberanía, ventajas de oportunidad hacia el desarrollo; y finalmente redunden en bienestar para el pueblo venezolano, con la primordial postura de posicionar los intereses nacionales por encima de cualquier otra cosa.
La presencia en este foro internacional para afianzar la estrategia diplomática de Venezuela, que tiende a su reinserción definitiva en un escenario mundial, tan complejo y caótico como el actual, donde posicionamos la diplomacia como el único elemento efectivo para la concertación, para el encuentro, para el acuerdo, y también para la construcción de confianza en que nos permita transformaciones que beneficien a todos y a todas, parte esencial de la agenda de este encuentro de Naciones Unidas; ratifica el buen paso que ha dado la diplomacia como decisión soberana que asumimos con muchísima responsabilidad en función de preservarnos como Nación, como Estado y como República, y avanzar en los objetivos de la recuperación económica y social que nos hemos trazado en todos estos años de resistencia como objetivos fundamentales.
Toda esta semana de trabajo tendrá Venezuela en el foco central, como ha sucedido en años recientes ya que nos caracteriza una Doctrina Bolivariana sobre la cual sentamos las bases de aquello que queremos afianzar en nuestro relacionamiento con el mundo. Con mucho respeto ha sido recibida la presidenta Delcy Rodríguez, respeto que nos hemos ganado a pulso durante años y que se ha fortalecido con este ejercicio diplomático acelerado que también tiene un punto importante en la atención de las consecuencias del doble terremoto del pasado 24 de junio.
Y es que fue efectiva la coordinación con el sistema de Naciones Unidas para atender de la manera más rápida posible la emergencia ante esta tragedia, avanzando en toda una propuesta de trabajo que fue entregada por esta instancia multilateral de cooperación, a través del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD; qué ha concluido con la entrega de un documento sobre las necesidades esenciales que debemos afrontar para recuperarnos del todo de los efectos de lo que nos ocurrió el 24 de junio.
Todo este contexto enfoca una diplomacia Bolivariana de Paz victoriosa, que funciona, que tiene victorias concretas en el corto, mediano y largo plazo, y que se erige como ejemplo fundamental en un mundo donde la guerra y el conflicto existencial parecen moneda común, poniendo en peligro hasta la humanidad misma.
Venezuela tiene una doctrina, la del Padre Libertador Simón Bolívar, para seguir adelante.
Nuevas y buenas noticias traerá esta agenda de trabajo, tanto para Venezuela como para el mundo.








